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Con la Ley de Bases en mano, el Poder Ejecutivo recorta drásticamente el Directorio de la Agencia de Promoción Científica de 11 a solo 3 miembros. ¿Desburocratización o vaciamiento de un pilar clave para la innovación argentina?
Un nuevo capítulo en la reforma del Estado se escribe con el Decreto 447/2025 del Poder Ejecutivo Nacional, que modifica de raíz la estructura de la AGENCIA NACIONAL DE PROMOCIÓN DE LA INVESTIGACIÓN, EL DESARROLLO TECNOLÓGICO Y LA INNOVACIÓN (ANPIDTYI). Publicado el 3 de julio de 2025, este decreto invoca la Ley de Bases y Puntos de Partida para la Libertad de los Argentinos N° 27.742 para justificar una reestructuración que promete eficiencia, pero genera fuertes interrogantes en el ámbito científico.
La medida más resonante es la reducción drástica del Directorio de la Agencia, que pasa de estar integrado por once (11) miembros (un Presidente y diez Vocales) a solo tres (3): un Presidente y dos Directores. La eliminación de ocho cargos se argumenta como necesaria para "mejorar su funcionamiento mediante la toma de decisiones de manera ágil y eficiente" y "reducir el sobredimensionamiento de la estructura estatal con el objetivo de disminuir el déficit, transparentar el gasto y equilibrar las cuentas públicas". Los dos directores se desempeñarán con carácter 'ad honorem' y serán elegidos considerando parámetros de representación de diferentes sectores y disciplinas, aunque la reducción de voces es innegable.
La misión de la ANPIDTYI se redefine para "impulsar la innovación en el sector científico y tecnológico nacional, a través de instrumentos de promoción, fomento y financiamiento, garantizando la transferencia tecnológica al sector productivo". Además, se le otorga la facultad de prestar servicios especializados con carácter oneroso para la administración de proyectos y de diseñar e implementar esquemas de fondos de inversión y de respaldo, buscando captar recursos públicos y privados, locales y extranjeros.
Este giro es un claro mensaje de la administración actual: la ciencia debe estar más vinculada al sector productivo y ser financieramente sostenible. Si bien esto puede agilizar la transferencia tecnológica, la comunidad científica teme que una menor representación y una mayor dependencia del financiamiento privado limiten la investigación básica y de largo plazo, que no siempre tiene una aplicación comercial inmediata. Para el ciudadano, esto podría traducirse en una ciencia más orientada a resultados económicos, con el riesgo de descuidar áreas fundamentales sin rentabilidad directa. Es crucial seguir de cerca cómo se implementa esta "desburocratización" y si realmente potencia o debilita nuestro desarrollo científico.