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El Banco Central ajusta el "Ratio de Cobertura de Liquidez" (LCR), permitiendo que las entidades financieras computen los saldos excedentes de tarjetas de crédito como "entradas de efectivo". Una medida técnica con gran impacto en cómo los bancos manejan su liquidez y, potencialmente, en la oferta de crédito.
¡Atención, ahorristas y deudores! El Banco Central de la República Argentina (BCRA) acaba de mover una pieza clave en el tablero financiero con su Comunicación "A" 8269/2025, que introduce adecuaciones al Ratio de Cobertura de Liquidez (LCR). Esta medida, aunque suena técnica, tiene el potencial de reconfigurar la forma en que los bancos gestionan su dinero y, por ende, cómo otorgan créditos.
La novedad es que, a partir de ahora, las entidades financieras podrán considerar dentro de sus "entradas de efectivo" para el cálculo del LCR, el saldo excedente al pago mínimo de las financiaciones con tarjetas de crédito. Es decir, la porción del consumo que un cliente podría pagar más allá del mínimo requerido, siempre que sea de clientes minoristas o MiPyme, y que el banco tenga la facultad de exigir el pago total en 30 días.
Para ponerlo en criollo: si usted tiene un saldo de tarjeta de crédito y paga más del mínimo, el banco podrá considerar esa diferencia como un ingreso casi seguro en un plazo de 30 días.
Esta modificación tiene una doble lectura. Por un lado, mejora la posición de liquidez de los bancos, al permitirles computar un mayor volumen de activos líquidos de alta calidad. Esto, en teoría, podría aliviar la presión sobre las reservas bancarias y potencialmente fomentar una mayor oferta de crédito, al liberar capital que antes estaba retenido para cumplir con el LCR.
Sin embargo, el BCRA también impone condiciones: las entidades deberán suponer que recibirán la totalidad de ese saldo excedente en 30 días, pero al mismo tiempo, que continuarán otorgando créditos a una tasa del 80% de esa entrada de efectivo. Es decir, el 20% se considera una entrada neta de efectivo. Esta calibración busca un equilibrio entre la flexibilidad y la prudencia.
Para el ciudadano común, esto podría significar un acceso ligeramente más fácil o en mejores condiciones a la financiación con tarjeta de crédito, ya que los bancos tendrían más "margen" para operar. Para las MiPymes, también podría haber un efecto positivo indirecto en su acceso al financiamiento.
Esta movida del BCRA es un intento de optimizar el uso del capital bancario y asegurar una mayor liquidez en el sistema, adaptándose a la dinámica de los pagos con tarjeta. Sin embargo, la efectividad real dependerá de cómo las entidades implementen estas nuevas directrices y de la respuesta del mercado. La letra chica siempre importa, ¡y el BCRA acaba de reescribir una parte clave!