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El Banco Central ajusta las exigencias de capital mínimo y riesgo operacional para las entidades financieras, en una movida que busca mayor solidez pero que podría generar dolores de cabeza y más burocracia en el sector. ¡Se vienen cambios en cómo los bancos reportan sus números!
El Banco Central de la República Argentina (BCRA) ha lanzado un nuevo paquete de medidas que ajustan las tuercas sobre el sistema financiero. A través de las Comunicaciones “A” 8196 y “A” 8197, la autoridad monetaria modificó el crucial Régimen Informativo Contable Mensual de Exigencia e Integración de Capitales Mínimos (R.I. - C.M.). Esta normativa es el corazón del control que ejerce el BCRA sobre la solvencia de los bancos, y ahora, se pone más estricta.
La principal novedad está en la Sección 5, que aborda la exigencia por riesgo operacional. Esto significa que los bancos deberán recalcular y reportar con mayor detalle cómo gestionan los riesgos derivados de fallas en sus procesos internos, sistemas o incluso errores humanos. La Comunicación “A” 8196 es la que introduce estas adecuaciones, que entrarán en vigencia a partir de marzo de 2025.
Pero eso no es todo. La Comunicación “A” 8197, que es complementaria, detalla los ajustes específicos. Hablamos de la modificación de puntos clave como el 5.2.1.3., 5.2.1.10., 5.2.1.11. y 5.2.1.14., además de una batería de controles de validación. Se actualizan los controles 009, 120, 121, 123, 131, 132 y 145, y, para rematar, se incorporan cuatro nuevos controles de validación (del 146 al 149). Esto implica que las entidades financieras tendrán que afinar aún más sus sistemas de reporte para cumplir con las nuevas exigencias.
Para las entidades financieras, esto se traduce en:
El BCRA busca garantizar una mayor solidez y transparencia en el sistema bancario, especialmente en un contexto económico volátil. Sin embargo, para los bancos, significa más trabajo y costos de cumplimiento. El mensaje es claro: el control es la prioridad y la era de la flexibilidad parece quedar atrás.
Para el ciudadano común, si bien no hay un impacto directo e inmediato, una mayor solidez bancaria reduce el riesgo de crisis financieras, protegiendo indirectamente los ahorros y la estabilidad económica general. Es una medida técnica, sí, pero con ramificaciones profundas.