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En un movimiento inesperado, el Banco Central de la República Argentina acaba de comunicar una desburocratización clave para el sector financiero. Se eliminan anexos y se simplifica la carga informativa mensual sobre operaciones de cambio, prometiendo un respiro para bancos y operadores. ¿Será el inicio de una era de menos trámites y más agilidad en el mercado cambiario?
¡Atención, banqueros y cambistas! El Banco Central de la República Argentina (BCRA) acaba de tirar un salvavidas en medio del mar de trámites. A través de la Comunicación “A” 8323/2025, el organismo monetario redujo la carga de información que las entidades financieras y operadores de cambio deben reportar mensualmente.
La medida, que modifica la Circular RUNOR 1-1921 sobre el Régimen Informativo Contable Mensual – “Operaciones de Cambio” (R.I. - O.C.), es un claro gesto de simplificación. Específicamente, se discontinúa la remisión del “Complemento del Apartado A” y, con ello, se elimina por completo el Anexo IV de la Sección 23. de “Presentación de Informaciones al Banco Central”.
"Se destaca que se discontinua la remisión de la información vinculada con el Complemento del Apartado A, con lo cual, se elimina el anexo IV de esta sección."
Esto significa, ni más ni menos, que menos papeles y menos horas de trabajo dedicadas a compilar datos para enviar al BCRA. Para los bancos y operadores de cambio, es una pequeña, pero significativa, descompresión administrativa.
Aunque a primera vista parezca un cambio técnico y menor, no deja de ser relevante en un contexto donde el Estado argentino es percibido, a menudo, como hiperregulador. Esta simplificación podría interpretarse como un primer paso hacia una mayor agilidad en la supervisión de las operaciones de cambio, o al menos, una reducción de la burocracia que pesa sobre las entidades.
Las modificaciones entran en vigor a partir del 15 de septiembre de 2025, aplicándose a las presentaciones que se realicen desde esa fecha. Si bien no altera el fondo de la política cambiaria, sí optimiza los procesos internos de las instituciones financieras, liberando recursos que antes se destinaban a una tarea burocrática ahora obsoleta. Es una señal, aunque tenue, de que se busca modernizar y hacer más eficiente la relación entre el regulador y los regulados.
Para los ciudadanos de a pie, esta medida no tiene un impacto directo en el bolsillo ni en el acceso al dólar, pero para el back office de las entidades, es un suspiro de alivio.