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La ANMAT ajusta brutalmente los aranceles para trámites y servicios en sectores clave como medicamentos, alimentos, productos médicos y cosméticos. Un golpe al bolsillo de las empresas que busca financiar la fiscalización, pero que podría impactar en los precios finales.
La Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT) ha encendido las alarmas en el sector productivo con una serie de disposiciones que modifican al alza los aranceles para una vasta gama de trámites y servicios. A partir del 3 de enero de 2025, las empresas que operan en los rubros de especialidades medicinales, alimentos, suplementos dietarios, productos médicos, cosméticos, productos de higiene personal y domisanitarios, entre otros, deberán afrontar costos significativamente mayores para sus habilitaciones, registros y controles.
Según la ANMAT, los montos actuales "han devenido insuficientes para llevar a cabo de manera eficiente las tareas correspondientes, cuya complejidad y especificidad se incrementan con el permanente avance científico y tecnológico producido en el sector". En criollo: la ANMAT necesita más guita para bancar su operatividad y mantener la "excelencia en la calidad" de su fiscalización.
Las disposiciones 11374/2024, 11420/2024, 11421/2024 y 11422/2024 derogan anexos anteriores y establecen nuevas tarifas que afectarán directamente a:
Este incremento generalizado de costos para las empresas del sector de la salud y la alimentación podría tener un impacto negativo en la economía productiva. Si bien la ANMAT justifica la medida en la necesidad de mantener la calidad de sus controles, la realidad es que estas subas suelen trasladarse, parcial o totalmente, a los precios finales de los productos. Esto significa que, en última instancia, el consumidor final podría ser quien pague el pato con medicamentos, alimentos y productos de higiene más caros.
"Un aumento en los costos de regulación rara vez queda en el bolsillo de las empresas; usualmente termina en el precio que pagamos todos los días."
Para las cámaras y entidades profesionales, el desafío será enorme: adaptarse a los nuevos valores sin afectar la competitividad ni la accesibilidad de productos esenciales. La ANMAT, por su parte, se asegura los recursos para su funcionamiento, pero a costa de una posible presión inflacionaria en bienes de primera necesidad.
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