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El Presidente designa "en comisión" a Alejandro Carlos Francisco Oxenford como Embajador en Estados Unidos, eludiendo la falta de acuerdo del Senado durante el receso. ¿Un mensaje de urgencia o un gesto de poder?
En una jugada que genera ruido en el tablero político, el Presidente de la Nación ha nombrado "en comisión" a Alejandro Carlos Francisco OXENFORD (D.N.I. N° 22.347.588) como Embajador Extraordinario y Plenipotenciario de la República en los ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA. La designación, establecida por el Decreto N° 136/2025, se realiza aprovechando el receso del H. Senado de la Nación, que no dio tratamiento al pliego durante las sesiones extraordinarias.
La Constitución Nacional, en su artículo 99, inciso 19, faculta al Presidente a "llenar las vacantes de los empleos, que requieran el acuerdo del Senado, y que ocurran durante su receso, por medio de nombramientos en comisión que expirarán al fin de la próxima Legislatura". Esto permite al Ejecutivo cubrir cargos clave sin la aprobación del Congreso, pero solo de forma temporal hasta que el Senado retome sus actividades y se expida.
La controversia radica en que el pliego de Oxenford ya había sido enviado al Senado el 10 de febrero de 2025 para su consideración durante las sesiones extraordinarias, que finalizaron el 21 de febrero sin que se tratara el asunto. Esto fuerza la mano del Presidente a recurrir a esta figura para asegurar la representación diplomática en un país tan estratégico como Estados Unidos, especialmente tras la renuncia de Gerardo Werthein en octubre de 2024.
Oxenford, quien ya cuenta con el plácet (aceptación) del Gobierno estadounidense, no pertenece al Servicio Exterior de la Nación, lo que lo convierte en una designación "excepcional" bajo el artículo 5° de la Ley N° 20.957. Este tipo de nombramientos se extienden por el tiempo que dure el mandato del Presidente que los efectúa.
La relación con Estados Unidos es vital para Argentina, tanto en lo económico como en lo político. La designación de un embajador en comisión asegura la continuidad diplomática, pero también expone las tensiones entre el Poder Ejecutivo y el Legislativo, evidenciando la dificultad para consensuar nombramientos de alto perfil en momentos de polarización política. La "urgencia" de la representación diplomática se impone ante la falta de acuerdo parlamentario, dejando un mensaje claro sobre la determinación presidencial.