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Un decreto presidencial deroga la vieja ley de clasificación de films, centraliza el poder en el INCAA y abre la puerta a la homologación de calificaciones extranjeras, prometiendo agilidad y menos burocracia, pero desata el debate sobre la soberanía cultural y la responsabilidad familiar.
¡Atención, cinéfilos y productores! El Gobierno acaba de soltar una bomba en el Boletín Oficial que promete sacudir los cimientos de la industria cinematográfica argentina. Mediante el Decreto N° 50/2026, se aprueba una nueva reglamentación para la Ley N° 23.052, que rige la calificación de películas, derogando la histórica y anacrónica Ley N° 828 de 1984. ¿Qué significa esto? Ni más ni menos que un cambio radical en cómo se decide qué pueden ver nuestros hijos y qué información reciben los adultos sobre los contenidos audiovisuales.
La medida más resonante es la disolución de la COMISIÓN ASESORA DE EXHIBICIONES CINEMATOGRÁFICAS, un organismo que, según el propio decreto, se había vuelto ineficiente y rígido, generando demoras monumentales. Ahora, la potestad exclusiva para calificar películas recae en el INSTITUTO NACIONAL DE CINE Y ARTES AUDIOVISUALES (INCAA). Pero no solo eso: en un giro que busca modernizar el sistema y desburocratizar la entrada de films, el INCAA podrá homologar las calificaciones emitidas por organismos extranjeros, ya sean públicos o privados, de los países de origen. Esto significa que las películas de Hollywood o europeas podrían llegar a nuestras pantallas con sus calificaciones originales, a menos que existan "razones de orden público" que justifiquen una modificación local.
Para la industria cinematográfica, esta es una noticia agridulce. Por un lado, se celebra la promesa de celeridad y eficiencia, evitando el 'cuello de botella' que representaba la antigua comisión. Esto podría significar que las películas lleguen más rápido a las salas y con menos costos administrativos, favoreciendo a distribuidores y exhibidores. Por otro lado, la centralización en el INCAA, aunque promete pluralidad en su proceso interno, genera interrogantes sobre la pérdida de una mirada más diversa que supuestamente ofrecía la comisión anterior, compuesta por representantes de cultura, educación y minoridad.
Para los ciudadanos, el cambio es profundo. El decreto enfatiza la responsabilidad primaria de padres, madres y tutores en la supervisión de los contenidos que consumen los menores. El Estado, a través del INCAA, pasa a tener un rol complementario de orientación, brindando información clara, pero sin sustituir el discernimiento familiar. Es decir, ¡mamá y papá, la pelota ahora está en su cancha!
El contexto no es menor: el decreto cita informes que muestran un apabullante 65,86% de películas estadounidenses en el mercado argentino y un 81,20% de espectadores en el top 100 que optan por producciones norteamericanas. La homologación de calificaciones extranjeras es, en parte, una respuesta a esta realidad, buscando optimizar recursos y facilitar la circulación de la vasta mayoría de contenidos que ya se consumen.
"La homologación de las calificaciones otorgadas por organismos extranjeros constituye una alternativa razonable y eficiente, que permite optimizar el sistema sin menoscabar la protección del público ni alterar la regulación del contenido cinematográfico."
La medida entrará en vigencia a los sesenta días corridos de su publicación en el Boletín Oficial. Esto da tiempo para que el INCAA ajuste sus procesos y defina los criterios para eventuales adecuaciones de calificaciones extranjeras por "orden público". La gran pregunta es: ¿cómo se equilibrará la agilidad y la eficiencia con la necesidad de una perspectiva cultural propia en la calificación? ¿Veremos un cine más globalizado en sus recomendaciones, o el INCAA logrará mantener una voz argentina distintiva? Estén atentos, porque el debate recién empieza.
Para estar informado: Sigan las novedades del INCAA y los comunicados de las cámaras de productores y exhibidores. Las redes sociales y los medios especializados serán clave para entender la implementación de esta medida.