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Un movimiento estratégico en el corazón del Gobierno: Javier Lanari deja un cargo clave en la Secretaría de Comunicación para asumir un rol aún más influyente directamente bajo la Jefatura de Gabinete. ¿Qué implica este enroque para el mensaje oficial?

El Boletín Oficial nos trae una movida que no pasó desapercibida para los ojos más atentos. El licenciado Javier Lanari, una figura ya conocida en el ámbito de la comunicación gubernamental, presentó su renuncia al cargo de Subsecretario de Prensa de la entonces SECRETARÍA DE COMUNICACIÓN Y MEDIOS de la PRESIDENCIA DE LA NACIÓN, con fecha del 5 de diciembre de 2025.
Pero el giro dramático, digno de un culebrón político, llegó al día siguiente. Lejos de abandonar las filas del poder, Lanari fue designado a partir del 6 de diciembre de 2025 como Secretario de Comunicación y Prensa, ¡pero esta vez de la mismísima JEFATURA DE GABINETE DE MINISTROS! Es decir, lo que parecía una baja, en realidad fue un ascenso meteórico y un cambio de órbita que lo posiciona en un lugar de mayor relevancia dentro del organigrama estatal.
Este movimiento, aunque pueda parecer un mero trámite de personal, tiene profundas implicaciones para la estrategia comunicacional del gobierno. Al pasar de una Secretaría a la Jefatura de Gabinete, el rol de Lanari adquiere una mayor jerarquía y una línea directa con las decisiones políticas de más alto nivel. Esto sugiere una centralización y un refuerzo del mensaje oficial, buscando quizás mayor cohesión y control sobre la narrativa pública.
Para los ciudadanos de a pie, esto podría traducirse en una voz gubernamental más unificada, pero también potencialmente más hermética. Para el sector de los medios y las empresas, implica que el interlocutor clave en materia de comunicación tendrá un peso político significativamente mayor.
El contexto es clave: la mención de la "entonces SECRETARÍA DE COMUNICACIÓN Y MEDIOS" ya da cuenta de una reestructuración previa. Esta designación consolida el nuevo esquema y posiciona a Lanari en un rol crucial para la difusión de políticas y la construcción de la imagen presidencial en un escenario político argentino siempre convulsionado. La comunicación es poder, y este decreto es un termómetro de cómo se reajustan las piezas clave en la Casa Rosada.