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El Ministerio de Economía y el Banco Central sellan una operación financiera monumental: un canje de Letras del Tesoro por Bonos capitalizables por un valor nominal que supera los 5 billones de pesos, buscando reordenar el pasivo público.
En una movida financiera de alto impacto, las Secretarías de Finanzas y Hacienda del Ministerio de Economía, en conjunto con el Banco Central de la República Argentina (BCRA), han orquestado un megacanje de deuda que reconfigura una porción significativa del pasivo público. La Resolución Conjunta 36/2025, publicada este lunes, aprueba la operación de conversión de la "Letra del Tesoro Nacional capitalizable en pesos con vencimiento 15 de agosto de 2025" (LECAP S15G5) por el "Bono del Tesoro Nacional capitalizable en pesos con vencimiento 15 de diciembre de 2025" (BONCAP T15D5).
La magnitud de la operación es astronómica: se afectan más de 3,9 billones de pesos en BONCAP T15D5 ya emitidos y no colocados, y se autoriza una ampliación de emisión del BONCAP por hasta 1,5 billones de pesos adicionales para completar el canje. En total, la movida implica un valor nominal original superior a los 5,4 billones de pesos, una cifra que grafica la profundidad de la intervención estatal en el mercado de deuda.
Este canje busca extender los plazos de vencimiento de la deuda del Tesoro que está en manos del BCRA, transformando Letras de vencimiento más cercano (agosto de 2025) por Bonos con vencimiento a fin de año (diciembre de 2025). La determinación de los precios de los instrumentos se realizará en base a los valores de mercado de Bolsas y Mercados Argentinos (BYMA), en una operación que se liquidará el 4 de agosto de 2025.
Las implicaciones son claras: el Gobierno busca descomprimir la presión sobre el BCRA y sobre el Tesoro en el corto plazo, alargar los vencimientos de deuda y, potencialmente, reducir la necesidad de nueva emisión monetaria para cubrir pasivos. Esta estrategia es clave para la estabilización macroeconómica y para la gestión de la política monetaria. Sin embargo, también significa que el BCRA seguirá cargando con una parte importante de la deuda del Tesoro, lo que siempre genera debates sobre la independencia del banco central y la calidad de sus activos. Es una jugada audaz en el tablero financiero argentino, con el objetivo de ganar tiempo y oxígeno fiscal.
Para el ciudadano común, estas operaciones, aunque técnicas, son fundamentales: una mejor gestión de la deuda puede significar menor inflación a futuro y mayor estabilidad económica. Si el gobierno logra estirar los vencimientos, se reduce la presión sobre el tipo de cambio y las tasas de interés, lo que impacta directamente en el bolsillo.