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En un movimiento burocrático, Marisol GALLARDO es transferida del Instituto Nacional del Teatro al Tribunal Fiscal de la Nación. Un cambio de escenario que, aunque rutinario, llama la atención por el contraste de los organismos.
¡De las tablas al fisco! En una jugada puramente administrativa, pero que no deja de ser curiosa, el Gobierno Nacional ha dispuesto la transferencia de la agente Marisol GALLARDO. Hasta ahora, la señora Gallardo se desempeñaba en la planta permanente del Instituto Nacional del Teatro, un organismo descentralizado bajo la órbita de la Secretaría de Cultura. Pero, a partir de ahora, su nuevo destino será el Tribunal Fiscal de la Nación, una entidad con un perfil radicalmente distinto, dependiente del Ministerio de Economía.
Este traspaso, lejos de cualquier drama teatral, se fundamenta en que la agente "posee un perfil que responde a las necesidades propias de los objetivos asignados al organismo de destino". Es decir, sus habilidades serían más útiles en el ámbito fiscal que en el cultural. La medida, según el decreto, "no implica menoscabo moral ni económico" para la agente, quien además ha prestado conformidad a esta peculiar transferencia.
Para el ciudadano común, este tipo de movimientos internos en la administración pública suelen pasar desapercibidos, pero son parte del engranaje burocrático que permite el funcionamiento del Estado. Aunque este caso particular no genera un impacto directo en la sociedad o en el mercado, ilustra cómo el personal del Estado es reubicado según las necesidades y prioridades de las distintas carteras, a veces con cambios de rubro que sorprenden.