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El Ente Regulador de Agua y Saneamiento mueve fichas: deroga una resolución vieja, contrata auditorías y servicios por casi $5.2 millones, licita una mega-mudanza de su centro de datos por $60 millones y, de yapa, modifica su propio reglamento de contrataciones. ¿Transparencia o burocracia con billetera ajena?
El Ente Regulador de Agua y Saneamiento (ERAS) no para y nos trae una batería de resoluciones que, aunque parezcan puro papeleo, impactan en la gestión y el bolsillo de los contribuyentes. Primero, la Resolución ERAS N° 33/2025 deroga una normativa anterior (la Resolución ERAS N° 35/20), un movimiento que, sin más detalles, suena a "limpieza de archivo" pero podría ocultar cambios de fondo en la regulación.
Pero lo más jugoso viene con las contrataciones. La Resolución N° 34/2025 adjudica al INSTITUTO ARGENTINO DE NORMALIZACIÓN Y CERTIFICACIÓN (IRAM) un contrato por $5.189.018 para auditar el Sistema de Gestión de Calidad del propio ERAS. ¿Están funcionando mal o es un lavado de cara? En paralelo, la Resolución N° 35/2025 aprueba un convenio con el INSTITUTO NACIONAL DEL AGUA (INA) para monitorear las presiones de la red de agua de AGUA Y SANEAMIENTOS ARGENTINOS S.A. (AySA). Esto es crucial para la calidad del servicio que recibimos, pero la contratación directa siempre genera suspicacias.
Y como si fuera poco, la Resolución N° 36/2025 nos revela un dato que te va a volar la cabeza: ¡un llamado a licitación pública por $60.000.000 para desmontar, trasladar, actualizar y recablear el Centro de Procesamiento de Datos del ERAS! Sí, leíste bien, 60 millones de pesos para mover cables y servidores. En un contexto de ajuste, semejante gasto en infraestructura tecnológica interna no pasa desapercibido.
Finalmente, la Resolución N° 37/2025 mete mano en las reglas del juego. Modifica el Artículo 13° del Reglamento de Contrataciones del ERAS, fijando el valor del módulo en $13.000 y dándole al Directorio la potestad de cambiarlo. Esto significa que las reglas para decidir qué tipo de contratación se usa (directa, licitación) cambian, y el Directorio tiene más libertad para ajustar ese umbral. ¿Será para agilizar o para flexibilizar demasiado los controles? Los procedimientos en curso no se ven afectados, pero las futuras contrataciones sí.
En resumen, el ERAS está en plena ebullición administrativa, con movimientos de dinero importantes y cambios en sus propias normativas. Los ciudadanos, como siempre, esperamos que estos gastos y ajustes se traduzcan en una mejor gestión del agua y saneamiento, y no en más burocracia cara.