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El Ministerio de Salud de CABA aprueba y reconoce gastos de rutina, moviendo la caja chica sin grandes estridencias. ¿Es la burocracia necesaria o un pozo sin fondo? Los detalles de los movimientos financieros que pasan desapercibidos.
En una movida más de la intrincada maquinaria administrativa porteña, el Ministerio de Salud de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires ha puesto en blanco y negro dos resoluciones que, a simple vista, podrían parecer meros trámites. La Resolución N° 75/SSPSGER/26 y la Resolución N° 77/SSAPAC/26 se encargan, respectivamente, de aprobar y reconocer gastos.
Si bien no se especifican los montos ni los destinos exactos en los extractos del Boletín Oficial, estas resoluciones son el pan de cada día en cualquier organismo estatal. Representan el cierre de ciclos administrativos para la adquisición de bienes o servicios, o el pago de obligaciones ya contraídas. Para el ciudadano de a pie, esto significa que el engranaje de la salud pública sigue girando, aunque sea con movimientos que parecen intrascendentes.
El contexto es claro: la gestión de un ministerio tan vasto como el de Salud requiere una constante validación de sus erogaciones. Estos documentos legitiman retroactivamente o autorizan la ejecución de partidas presupuestarias.
Aunque la relevancia directa para la población general es baja, estos actos son fundamentales para la transparencia y el control del gasto público. Cada peso gastado debe tener su respaldo. Sin embargo, la falta de detalle en el boletín deja a la imaginación popular qué tipo de gastos se están aprobando o reconociendo. ¿Son insumos médicos? ¿Servicios de mantenimiento? La opacidad, incluso en lo rutinario, siempre genera un manto de sospecha. Estar atentos a la consolidación de estos gastos es clave para entender la distribución del presupuesto de salud.