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El Ejecutivo prorrogó parcialmente el incremento de impuestos a naftas y gasoil hasta septiembre, aliviando la carga por un mes más y generando un suspiro entre los consumidores.

En una jugada que ya es un clásico, el Gobierno Nacional, a través del Decreto 522/2025, volvió a diferir parcialmente los aumentos en los impuestos a los combustibles líquidos y al dióxido de carbono. La medida, que se publica hoy en el Boletín Oficial, establece que los incrementos remanentes correspondientes a las actualizaciones del primer trimestre de 2024 (parcialmente), y en su totalidad los del segundo, tercer y cuarto trimestres de 2024, más el primer trimestre de 2025, se aplicarán recién a partir del 1° de septiembre de 2025.
Este nuevo aplazamiento implica que, durante agosto de 2025, los consumidores solo sentirán un incremento menor en el surtidor. Para la nafta sin plomo y virgen, el aumento será de $6,954 por el Impuesto a los Combustibles Líquidos y $0,426 por el Impuesto al Dióxido de Carbono. En el caso del gasoil, el gravamen subirá $5,615 y $0,640 respectivamente, sumado a un incremento de $3,040 por el tratamiento diferencial en algunas provincias patagónicas.
"Con el propósito de continuar con la finalidad perseguida, resulta necesario volver a diferir parcialmente el incremento...", señala el decreto, evidenciando la presión inflacionaria y la búsqueda de contener el impacto en los precios al público.
La decisión se enmarca en una serie de postergaciones que se vienen aplicando desde fines de 2023, buscando amortiguar la escalada de precios en un sector clave para la economía. Si bien los consumidores respiran aliviados por un mes, la acumulación de estos ajustes postergados genera una bomba de tiempo tarifaria que estallará a principios de septiembre. La gran pregunta es: ¿hasta cuándo se podrá seguir pateando la pelota sin generar distorsiones mayores en el mercado? Los ojos están puestos en el 1° de septiembre, cuando el golpe al bolsillo podría ser aún más contundente.