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La Secretaría de Energía fijó nuevos valores para el biodiesel y el bioetanol, elementos clave en la mezcla de combustibles, y restableció el porcentaje obligatorio de biodiesel en el gasoil. ¿Se viene otro cimbronazo en el surtidor?

La Secretaría de Energía del Ministerio de Economía ha desatado una verdadera bomba en el sector energético con dos resoluciones que impactan directamente en el precio y la composición de los combustibles que usamos todos los días. Por un lado, la Resolución 612/2025 fijó el precio del biodiesel para enero de 2026 en la friolera de $1.797.881 por tonelada, con un plazo de pago de solo siete días. Pero la movida más resonante es el restablecimiento del porcentaje obligatorio de biodiesel en el gasoil/diésel oil al 7,5% en volumen, revirtiendo la reducción temporal al 7% que se había implementado para "morigerar el impacto en los costos de elaboración". Esto significa más biodiesel en tu tanque, lo que podría tener efectos en el precio final del combustible en el surtidor, aunque la resolución busca evitar distorsiones.
Simultáneamente, la Resolución 611/2025 puso bajo la lupa los precios del bioetanol. Para enero de 2026, el precio mínimo de adquisición del bioetanol de caña de azúcar se fijó en $976,457 por litro, mientras que el bioetanol de maíz quedó en $894,949 por litro. En este caso, el plazo de pago es de treinta días. Ambas medidas se enmarcan en la Ley N° 27.640 de Biocombustibles y buscan garantizar la rentabilidad de los productores, considerando los costos de elaboración y transporte. La justificación oficial es "atender en el contexto actual" para evitar que los precios del bioetanol "generen distorsiones en los precios del combustible fósil en el pico del surtidor".
Los productores de biodiesel y bioetanol (tanto de caña de azúcar como de maíz) celebrarán estas decisiones, ya que les aseguran un precio y una demanda constante en un mercado fuertemente intervenido. La industria agrícola, especialmente la sojera y maicera, también verá un impulso. Sin embargo, los consumidores podrían sentir el impacto en el precio final de la nafta y el gasoil, aunque la intención declarada es justamente la contraria. Es una señal clara de la fuerte mano del Estado en la economía energética, buscando un equilibrio entre la rentabilidad de la cadena de valor y el costo para el ciudadano. ¡A estar atentos a las pizarras de las estaciones de servicio!