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Decenas de corporaciones, desde gigantes agropecuarios hasta bancos y medios, pidieron acceso directo al Mercado Eléctrico Mayorista. ¿Fin del monopolio de las distribuidoras para los pesos pesados?
Una verdadera revolución silenciosa se gesta en el tablero energético argentino. El Boletín Oficial acaba de soltar la bomba: una multitud de empresas de primera línea, cansadas de los vaivenes tarifarios, están pidiendo pista para convertirse en Grandes Usuarios Mayores (GUMAs) y Grandes Usuarios Menores (GUMEs). Esto significa ni más ni menos que quieren comprar su energía directamente en el Mercado Eléctrico Mayorista (MEM), ¡saltándose a las distribuidoras tradicionales!
¿Qué implica este movimiento audaz? Para gigantes como Monsanto Argentina S.R.L., Banco Supervielle S.A., Arte Radiotelevisivo Argentino S.A. (ARTEAR) o Ford Drink S.A., entre muchísimos otros, la jugada es clara: buscar mejores precios y mayor estabilidad en su suministro eléctrico. Ya no dependerían exclusivamente de las tarifas reguladas que ofrecen EDENOR, EDESUR, EPEC o EDELAP, sino que negociarían directamente con los generadores.
Este cambio no es menor. Históricamente, las distribuidoras han sido el nexo ineludible entre el MEM y los consumidores finales. Ahora, las grandes industrias y corporaciones tienen la posibilidad de desintermediar este proceso, lo que podría generarles ahorros significativos en sus costos operativos. Pensemos en la cantidad de energía que consume una planta de Monsanto en Rojas, una sucursal del Banco Supervielle en CABA o una fábrica de bebidas en Tucumán. Cada centavo ahorrado en electricidad es un respiro para sus balances.
La lista es larguísima y abarca un espectro impresionante de la economía argentina. Tenemos desde la agroindustria con Sucesores de Alfredo Williner S.A. y Desdelsur S.A., pasando por la fabricación con CONTEPLAT S.A. y JTEKT AUTOMOTIVE ARGENTINA S.A., hasta el sector financiero con el ya mencionado Banco Supervielle S.A. y la logística con Organización Courier Argentina S.A. (OCASA). Incluso hay empresas farmacéuticas como Laboratorio Varifarma S.A. y alimenticias como Molinos Harineros Clabecq S.A. y Lácteos La Cristina S.A., buscando asegurar su provisión energética.
El contexto es clave: en un país con inflación galopante y tarifas de servicios públicos en constante revisión, la autonomía energética se convierte en una ventaja competitiva brutal. La medida, que se ampara en la Resolución ex-SE Nº 137/92, abre una ventana para que estos grandes consumidores gestionen su propio destino eléctrico, fomentando una mayor competencia en el segmento mayorista.
Lo más impactante es la velocidad del proceso. La Subsecretaría de Energía Eléctrica dio un plazo exprés de solo dos días hábiles para la presentación de objeciones u oposiciones a estas solicitudes. Esto significa que si alguna distribuidora o actor del mercado tiene algo que decir, ¡debe hacerlo ya! Una maniobra que subraya la urgencia y la determinación detrás de esta movida.
Para el ciudadano común, si bien no afecta directamente su boleta de luz, este movimiento es un termómetro de la desregulación creciente en sectores clave de la economía y cómo las grandes empresas buscan optimizar sus costos en un escenario volátil. Estar atentos a estas señales es crucial para entender hacia dónde va el modelo productivo y de consumo energético del país.
Manténgase informado siguiendo las publicaciones del Boletín Oficial y los análisis de especialistas para entender las repercusiones a largo plazo de esta estampida hacia la autonomía energética.