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El Gobierno autoriza la comercialización de dos levaduras Saccharomyces cerevisiae genéticamente modificadas, impulsando la producción de bioetanol y generando alimento para ganado.
¡Noticia de alto impacto para el sector agroindustrial! La Subsecretaría de Producción Agropecuaria y Forestal del Ministerio de Economía ha dado el visto bueno a la comercialización de dos tipos de levaduras Saccharomyces cerevisiae genéticamente modificadas (GICC03671 y GICC03636), solicitadas por la firma DANISCO ARGENTINA S.A. Esta medida, publicada el 23 de diciembre de 2024, marca un hito en la biotecnología aplicada a la energía y la alimentación.
El objetivo principal de estas levaduras modificadas es el procesamiento de carbohidratos y granos para la producción industrial de etanol combustible. Pero la buena noticia no termina ahí: la "burlanda" –un subproducto derivado de este proceso industrial– ha sido declarada apta para el consumo animal. Esto significa un doble beneficio: más bioetanol para el sector energético y un insumo valioso para la ganadería, que podrá usarlo como alimento.
La decisión no fue tomada a la ligera. Tanto la Comisión Nacional Asesora de Biotecnología Agropecuaria (CONABIA) como el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA) realizaron exhaustivas evaluaciones de riesgo. Ambas concluyeron que estas levaduras "no implican un riesgo adicional para el agroecosistema" ni para el consumo animal, respecto a sus variantes no modificadas, siempre y cuando se utilicen bajo el "uso previsto en la producción industrial controlada de bioetanol".
"El Microorganismo Genéticamente Modificado levadura Saccharomyces cerevisiae GICC03671 (GPY010279) inactivada, presente en el DDGS derivado del proceso de producción de etanol, es apto para el consumo animal."
Este avance tecnológico tiene el potencial de dinamizar la economía regional, fomentar la inversión en biotecnología y fortalecer la cadena de valor del bioetanol. Para el consumidor, aunque indirecto, representa un paso más hacia fuentes de energía más sostenibles y una mayor eficiencia en la producción de alimentos. Es un claro ejemplo de cómo la ciencia y la innovación pueden ofrecer soluciones a desafíos complejos.