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El Consejo de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires volvió a prorrogar la licencia sin goce de haberes de Giselle Maresca, una decisión que, aunque rutinaria, muestra el día a día de la gestión de personal en el ámbito público porteño.
En un movimiento que, para el ojo inexperto, podría pasar desapercibido, el Consejo de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires ha vuelto a extender la licencia sin goce de haberes de Giselle Maresca. La Resolución N° 273/CDNNYA/26 es un ejemplo claro de cómo la burocracia estatal maneja las situaciones personales de sus empleados, un engranaje más en la compleja maquinaria de la administración pública.
La medida implica que la agente Giselle Maresca continuará sin percibir sueldo por un período adicional, manteniendo su vínculo con el organismo pero sin actividad. Este tipo de licencias son comunes y responden a diversas situaciones personales que los empleados públicos pueden enfrentar, desde cuestiones familiares hasta proyectos personales que requieren una pausa en sus funciones. No hay detalles sobre los motivos específicos en el texto oficial, lo que deja un manto de misterio sobre las razones detrás de esta prolongada ausencia.
Desde una perspectiva ciudadana, este tipo de resoluciones tiene un impacto directo nulo en los servicios que presta el Consejo. La prórroga de una licencia sin goce de haberes es, en esencia, un trámite administrativo interno que asegura la continuidad del registro laboral del empleado. Sin embargo, para el organismo, puede significar la necesidad de reorganizar tareas o cubrir temporalmente la posición, lo que siempre implica un pequeño desafío en la gestión de recursos humanos.
"Cada prórroga, por más pequeña que sea, es un recordatorio de que la administración pública también es un gran empleador, con sus propias dinámicas y necesidades de personal", afirman fuentes cercanas al sector.
Esta decisión se enmarca en la normativa vigente que regula el empleo público en la Ciudad, permitiendo estas interrupciones laborales bajo ciertas condiciones. Es un claro ejemplo de la gestión de personal y los procesos internos que se llevan a cabo constantemente en cada rincón del Estado, aunque rara vez lleguen a los titulares. Para el ciudadano común, es una ventana a la micro-gestión que sustenta el funcionamiento de las instituciones.