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La empresa estatal de infraestructura ferroviaria, ADIF S.A., presenta un presupuesto 2026 con un *rojo operativo de $36 mil millones*. El equilibrio de sus cuentas es una **ilusión de capitales**, ¿qué significa para el futuro de nuestros trenes?
La Administración de Infraestructuras Ferroviarias Sociedad Anónima (ADIF S.A.), una pieza clave en el entramado ferroviario argentino y que opera bajo la órbita del Ministerio de Economía, acaba de ver aprobado su Plan de Acción y Presupuesto para el Ejercicio 2026 mediante la Resolución 428/2026. Y los números, a primera vista, son preocupantes.
El presupuesto estima ingresos de operación por apenas $6.154 millones, frente a unos gastos de operación que se disparan a $42.186 millones. Esto arroja una pérdida operativa brutal de $36.032 millones de pesos para el próximo año.
Sin embargo, la magia de las cuentas públicas hace su aparición. Para que el "Resultado Económico" y el "Resultado Financiero" cierren en cero pesos ($0) —es decir, queden "equilibrados"—, se proyectan ingresos y gastos de capital por la friolera de $387.843 millones. Esto sugiere que la empresa depende de transferencias o aportes de capital masivos para subsistir y no caer en un déficit total.
"La realidad es que ADIF S.A. no genera sus propios recursos para cubrir su operación. El Estado Nacional es el que, con dinero de todos los argentinos, subsidia su funcionamiento."
Para los ciudadanos, esto significa que el mantenimiento y desarrollo de la infraestructura ferroviaria sigue siendo una carga pesada para el Tesoro Nacional. Si bien es vital para la conectividad y el transporte de carga y pasajeros, la eficiencia de la gestión y la búsqueda de auto-sustentabilidad son preguntas que quedan flotando en el aire. La aprobación de este presupuesto es un reconocimiento tácito de que el Estado seguirá inyectando fondos para mantener en pie el sistema ferroviario, en un contexto donde el debate sobre el rol de las empresas públicas está más encendido que nunca.