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La Secretaría de Gobierno lanza el Registro de Organizaciones de Acción Comunitaria (ROAC), una nueva herramienta que promete ordenar, pero que genera dudas sobre el control estatal y la burocracia para el tercer sector.
La Secretaría de Gobierno y Vínculo Ciudadano ha dado un paso fundamental para el tercer sector con la Resolución N° 11/SSDGOB/26. Se establecen los lineamientos generales para la creación y funcionamiento del Registro de Organizaciones de Acción Comunitaria (ROAC). Este nuevo registro busca ser la columna vertebral para la interacción entre el Estado y las innumerables organizaciones que trabajan en los barrios, generando tanto expectativas como preocupaciones.
El ROAC es una herramienta diseñada para centralizar la información de todas las entidades que realizan trabajo social, cultural, deportivo o de cualquier índole comunitaria. La idea oficial es formalizar su existencia, brindarles reconocimiento y, posiblemente, facilitar su acceso a programas o recursos gubernamentales. Esto implica que las organizaciones deberán inscribirse y cumplir con ciertos requisitos para operar dentro del marco que el gobierno establezca.
Para las organizaciones comunitarias, el ROAC implicará un nuevo proceso de inscripción y cumplimiento de requisitos, lo que podría significar una carga burocrática adicional. Si bien la medida podría simplificar trámites futuros y potenciar el reconocimiento oficial, también genera inquietud sobre el nivel de control y la autonomía que el Estado ejercerá sobre estas entidades, que a menudo operan con gran agilidad y espontaneidad. Para el ciudadano común, podría significar una mayor visibilidad de las organizaciones que trabajan en su entorno y, quizás, una mejor coordinación de esfuerzos entre el Estado y la sociedad civil.
El trabajo comunitario es vital en Argentina, supliendo muchas veces las falencias estatales y construyendo tejido social desde abajo. La formalización a través del ROAC busca una mayor articulación, pero siempre existe el riesgo de cooptación o excesiva regulación que ahogue la iniciativa. La clave estará en cómo se implementen estos 'lineamientos generales'. ¿Será una herramienta de apoyo y simplificación, o una barrera burocrática más que dificultará la labor de quienes ya hacen mucho? La letra chica definirá el verdadero impacto en la vitalidad del tejido social y en la relación entre el Estado y la comunidad.