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Una catarata de rectificaciones en resoluciones previas sacude al Ministerio de Salud, revelando que ni la burocracia está exenta de errores. ¿Pura desprolijidad o un necesario ajuste de cuentas?
El arte de la administración pública a veces se asemeja más a un rompecabezas con piezas que no encajan. El Ministerio de Salud de la Ciudad de Buenos Aires ha tenido que salir al cruce con una serie de rectificaciones que ponen en evidencia la complejidad y, quizás, la fragilidad de sus propios actos administrativos. Parece que la prolijidad no es el fuerte de la gestión.
La Resolución N° 677/MSGC/26, con adjuntos que prometen más detalles, rectifica nada menos que el Anexo de la Resolución N° 3260-MSGC/25 y el Anexo de la Resolución N° 3665-MSGC/25. Dos enmiendas de un plumazo que sugieren errores de fondo en documentos previos. ¿Qué tan graves eran las fallas originales para requerir una corrección oficial?
La lista sigue con la Resolución N° 678/MSGC/26, que rectifica la Resolución N° 276-MSGC/26. Y para cerrar el ciclo de enmiendas, la Resolución N° 680/MSGC/26 hace lo propio con la Resolución N° 2026-220-GCABA-MSGC. Son tres resoluciones que tuvieron que ser corregidas en un lapso corto, lo que genera interrogantes sobre los procesos de control interno.
"En la administración pública, cada error en un documento oficial puede tener consecuencias legales o administrativas. Estas rectificaciones son una señal de que algo no funcionó bien en la primera instancia."
Para el ciudadano, estas rectificaciones pueden parecer una nimiedad burocrática. Sin embargo, detrás de cada número y cada anexo, se encuentran normativas que afectan a personal, recursos o procedimientos. La necesidad de corregir constantemente indica una posible falta de rigor en la elaboración de las resoluciones o, en el mejor de los casos, una burocracia tan intrincada que es propensa al error. Es fundamental que el Ministerio revise sus procesos para minimizar estas "desprolijidades" y garantizar la seguridad jurídica de sus actos.
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