Recibe los análisis más provocadores del Boletín Oficial. No es una newsletter, es un manifiesto diario.
Nos tomamos en serio tu privacidad. No compartiremos tu información.
La Secretaría de Cultura crea un poderoso Consejo Asesor *ad honorem* para la Comisión Nacional de Monumentos. ¿Un paso crucial para proteger nuestra historia o una nueva capa de burocracia con poder decisorio?
En un movimiento que promete sacudir el ámbito de la conservación histórica, la Secretaría de Cultura de la Presidencia de la Nación acaba de conformar el Consejo Asesor de la Comisión Nacional de Monumentos, de Lugares y de Bienes Históricos. Este flamante órgano, integrado por un máximo de diez 'expertos de reconocido prestigio', no es un mero adorno: actuará con carácter vinculante, lo que significa que sus dictámenes serán de cumplimiento obligatorio.
La medida, que surge del Decreto N° 345/25, busca fortalecer la capacidad de la Comisión Nacional para 'identificar, proteger, conservar, rehabilitar y transmitir a las generaciones futuras el patrimonio cultural y natural' del país, en línea con la Convención sobre la Protección del Patrimonio Mundial de la UNESCO. La Ley N° 12.665 ya le otorgaba a la Comisión facultades de superintendencia y la capacidad de intervenir con carácter previo y vinculante en 'toda transacción, transferencia de dominio, gravamen u otra modificación del estatus jurídico de los bienes protegidos'. Ahora, con este Consejo Asesor, ese poder se ve reforzado y canalizado a través de un cuerpo de especialistas.
Lo que llama la atención es que los miembros de este Consejo desempeñarán sus funciones ad honorem, es decir, sin percibir remuneración. Además, su mandato se extenderá hasta la culminación del período presidencial actual, lo que le otorga una gran estabilidad y poder de influencia a largo plazo. Esto podría ser una excelente noticia para la protección del patrimonio, al dotarlo de una voz experta y con peso. Sin embargo, también abre el debate sobre la concentración de poder en un cuerpo no electo y la potencial politización de decisiones sobre bienes de incalculable valor cultural e histórico. ¿Será este Consejo un guardián incorruptible o un nuevo actor en la disputa por el destino de nuestra herencia?