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El INASE autoriza la inscripción de nuevas variedades de cultivos desarrolladas por el INTA, blindando la propiedad intelectual y abriendo nuevas fronteras para la agricultura nacional. ¿El futuro del campo está en la genética local?
Una ráfaga de resoluciones del Instituto Nacional de Semillas (INASE) acaba de dar luz verde a la inscripción de varias creaciones fitogenéticas desarrolladas por el prestigioso Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA). Estas patentes, que incluyen una soja genéticamente modificada (INTA MJ 3L RG), dos variedades de triticale (DARDO INTA y JUSTO INTA), un agropiro alargado (INDIO INTA) y una cebolla (TONADA INTA), no solo reconocen el arduo trabajo de investigación, sino que también blindan la propiedad intelectual de estos desarrollos cruciales para el agro argentino.
Las Resoluciones 620/2024, 621/2024, 643/2024 y 649/2024 son más que simples trámites administrativos. Representan un vital reconocimiento a la investigación nacional en materia de semillas y variedades vegetales. Al inscribirse en el Registro Nacional de Cultivares y en el Registro Nacional de la Propiedad de Cultivares, estas nuevas variedades obtienen protección legal, lo que fomenta la inversión en I+D y asegura que los beneficios de estos avances queden en el país. El INTA, una institución pública, sigue demostrando su rol fundamental en la innovación agrícola, ofreciendo al productor herramientas genéticas adaptadas a las condiciones locales y con potencial para mejorar rendimientos y resistencia a enfermedades.
Este movimiento es un golpe de timón hacia la soberanía tecnológica en un sector tan estratégico como el agropecuario. La protección de estas variedades no solo impacta a los grandes productores de soja o cereales, sino que también beneficia a la producción hortícola, como en el caso de la cebolla. Es una apuesta clara por el desarrollo de una agricultura más resiliente y productiva, con sello argentino, que podría significar una ventaja competitiva en los mercados internacionales. La pregunta es: ¿cuánto más se puede potenciar la investigación pública para que el campo argentino siga cosechando éxitos?
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