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La intervención de Casa de Moneda S.A.U. se extiende por 120 días más, en medio de una "situación crítica" que incluye sobredimensión, altos costos y endeudamiento. Tras el despojo de sus negocios más lucrativos, la icónica empresa estatal se aferra a la producción de billetes y documentos básicos, ¿será este el fin de una era?
La Casa de Moneda S.A.U., el emblemático organismo a cargo de la impresión de nuestro dinero, sigue en la cuerda floja. El Decreto 615/2025 ha prorrogado por 120 días corridos la intervención de la sociedad y la designación de su interventor, Pedro Daniel CAVAGNARO. Esta extensión llega en un momento delicado, tras informes que describen una "situación crítica" y un proceso de desguace que redefine por completo su futuro.
Desde el inicio de la intervención, se detectó una estructura sobredimensionada, dos establecimientos industriales con enormes costos operativos pero sin procesos productivos integrales, exceso de maquinaria importada sin instalar y una gran estructura administrativa con funciones superpuestas. Lo más impactante: los ingresos de la sociedad son insuficientes para cubrir sus gastos, especialmente tras la rescisión de contratos clave como la producción de dinero circulante por parte del Banco Central de la República Argentina (BCRA) y la provisión de chapas patente a la Dirección Nacional de los Registros Nacionales de la Propiedad del Automotor y de Créditos Prendarios.
La reconformación estructural y operativa dispuesta por el Decreto N° 442/25 ya transfirió sus actividades más rentables a otros organismos: los "Instrumentos Fiscales de Control" a la AGENCIA DE RECAUDACIÓN Y CONTROL ADUANERO (ARCA), los "Pasaportes" al RENAPER, y la "Billetera Virtual" a ARSAT S.A.. Ahora, la Casa de Moneda S.A.U. se enfocará exclusivamente en: fabricación de dinero circulante y especies valoradas para el Estado Nacional, asistencia en el proceso de atesoramiento y destrucción de billetes, y la realización de impresos para entidades públicas o privadas.
La prórroga de la intervención es necesaria para "concluir de manera ordenada y efectiva el referido traspaso de las áreas operativas". Para los empleados, la situación genera una enorme incertidumbre laboral, mientras que para el Estado, es un intento de sanear una empresa deficitaria y reducir la carga sobre el Tesoro Nacional. ¿Se logrará la tan ansiada eficiencia o la Casa de Moneda, tal como la conocemos, se desvanecerá en la historia?