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El Gobierno extendió hasta 2026 el plazo para homologar medidores de agua, una medida que da aire a fabricantes y distribuidoras, pero que genera dudas sobre la micromedición efectiva.
En un movimiento que busca dar un respiro al sector, la Secretaría de Industria y Comercio del Ministerio de Economía ha prorrogado por un año más el "Régimen Transitorio de Aprobación de Modelo en Curso" para los medidores de agua potable fría. La Resolución 272/2025 extiende el plazo hasta el 1° de julio de 2026, una fecha que originalmente era el 1° de julio de 2025.
La decisión surge en respuesta a las dificultades que enfrentan fabricantes e importadores para obtener los certificados de aprobación de modelo, un trámite técnico y metrológico complejo. La empresa AGUA Y SANEAMIENTOS ARGENTINOS S.A. (AYSA), una de las principales distribuidoras, solicitó expresamente esta extensión, argumentando que sus planes de micromedición (100.000 instalaciones y 40.000 reposiciones anuales) requerían más tiempo para asegurar el suministro de medidores certificados y la calidad de su facturación.
Actualmente, solo TRES (3) prototipos de medidores cuentan con el certificado de aprobación, una cifra alarmantemente baja que justifica la necesidad de esta prórroga para evitar un colapso en la cadena de suministro.
La resolución también clarifica qué sucederá con los medidores instalados bajo este régimen transitorio que finalmente no obtengan la aprobación. En un plazo no mayor a SESENTA (60) días corridos desde la cancelación de la Orden de Trabajo, los fabricantes o importadores serán responsables de retirar de plaza y reemplazar esos instrumentos por otros que sí cumplan con la normativa vigente. Esto es crucial para proteger al consumidor y asegurar la fiabilidad de la medición a largo plazo.
Esta prórroga es una espada de doble filo. Por un lado, evita una interrupción abrupta en el suministro de medidores, lo que podría haber paralizado los planes de micromedición de las empresas de agua y afectado indirectamente la eficiencia del servicio. Por otro lado, dilata la plena implementación de estándares de calidad metrológica. Para el ciudadano, significa que la modernización y precisión en la medición del consumo de agua podría tomar más tiempo del esperado. Es un recordatorio de la complejidad de la gestión de servicios esenciales y la necesidad de un equilibrio entre la exigencia regulatoria y la capacidad operativa del mercado.