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La Secretaría de Comunicación y Medios oficializó una serie de nombramientos y una renuncia, reacomodando la estructura de la Subsecretaría de Vocería y Comunicación de Gobierno. Un baile de sillas que muestra la constante reconfiguración del área más *sensible* del Ejecutivo.
El Boletín Oficial del 3 de enero de 2025 nos trae una radiografía de los movimientos internos en el corazón de la comunicación presidencial. La Secretaría de Comunicación y Medios, bajo la batuta de Manuel Adorni, confirmó varias designaciones transitorias y una particular "renuncia-recontratación" que no pasó desapercibida. Estos cambios en la cúpula de la Subsecretaría de Vocería y Comunicación de Gobierno, una pieza clave en la estrategia comunicacional del Ejecutivo, se dan en un contexto de reestructuración que transfirió esta dependencia de la Secretaría General a la propia Secretaría de Comunicación y Medios, según los Decretos 834/24 y 839/24.
Analicemos en detalle los protagonistas de esta movida de fichas:
Todas estas designaciones son por un término de CIENTO OCHENTA (180) días hábiles, plazo en el que los cargos deberían ser cubiertos por los mecanismos de selección regulares del SINEP. Sin embargo, la constante referencia a la excepción del artículo 14 del Convenio Colectivo de Trabajo Sectorial del SINEP, que regula la cobertura de cargos, sugiere una urgencia en la toma de decisiones y una flexibilidad en los procedimientos para armar rápidamente los equipos.
Si bien son movimientos internos, la comunicación de gobierno es un pilar fundamental en la percepción pública de la gestión. Estos nombramientos buscan reforzar la capacidad del Ejecutivo para transmitir su mensaje, gestionar la imagen institucional y planificar sus estrategias. La velocidad y la excepcionalidad de estos nombramientos pueden interpretarse como una necesidad de tener equipos alineados y funcionales sin demoras, aunque también plantean interrogantes sobre la estabilidad de los procesos administrativos y la meritocracia en la función pública. Para el ciudadano, significa que los mensajes oficiales estarán bajo la órbita de nuevos responsables, con una clara orientación en la vocería y la comunicación digital. Estar atentos a cómo evolucionan estas áreas es clave para entender la narrativa oficial.
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