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El Gobierno valida programas clave en La Rioja, Santiago del Estero, Tucumán, CABA y Santa Cruz, pero una especialidad queda en la cuerda floja. ¿Qué significa esto para los futuros médicos y pacientes?
El Ministerio de Salud de la Nación acaba de sacudir el ámbito de la formación médica de posgrado con una serie de disposiciones que reconocen la calidad de diversas residencias en todo el país. Estas medidas, publicadas en el Boletín Oficial, son el resultado de la aplicación del Sistema Integral de Evaluación de las Residencias del Equipo de Salud (SIER), una herramienta creada para garantizar que nuestros futuros profesionales de la salud reciban la mejor capacitación posible.
Se otorgaron reconocimientos en dos niveles principales: Nivel A y Nivel B. El Nivel A, con una vigencia de 5 años, fue para residencias que demostraron un estándar de excelencia, mientras que el Nivel B, con 3 años de validez, se asignó a aquellas que cumplen con los requisitos pero tienen margen de mejora. Este sistema evalúa condiciones institucionales, de formación y laborales.
Instituciones y especialidades beneficiadas:
Un punto que genera ruido es el caso de la residencia Interdisciplinaria en Salud Mental (RISAM) del Hospital Regional Dr. Enrique Vera Barros. A pesar de obtener el prestigioso Nivel A, el Artículo 3° de la Disposición 57/2026 es lapidario: "no habilitará a sus egresados a la certificación de especialidad por tratarse de una especialidad no incluida en las Nóminas de especialidades aprobadas por este Ministerio". Esto podría generar incertidumbre y frustración entre los profesionales que opten por esta formación, quienes, aunque reciban una capacitación de alta calidad, no podrán certificarla oficialmente como especialidad médica. Es una paradoja que el Ministerio reconozca la calidad de la formación, pero no su validez para la certificación profesional.
Estas disposiciones buscan elevar los estándares de la formación de posgrado, lo que a largo plazo debería traducirse en mejores profesionales y una atención sanitaria de mayor calidad para la ciudadanía. Sin embargo, la burocracia y las limitaciones en la certificación de algunas especialidades pueden generar desincentivos para los jóvenes médicos. Las instituciones deberán informar anualmente sobre sus residentes, asegurando un monitoreo constante de la calidad. Para los ciudadanos, esto significa una mayor confianza en la preparación de los médicos que los atienden, aunque la advertencia sobre RISAM abre un debate sobre la pertinencia de ciertas formaciones no reconocidas formalmente.
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