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Una serie de resoluciones del Ministerio de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires aprueba, de forma rutinaria, múltiples contratos de locación de servicios artísticos, manteniendo la maquinaria cultural en marcha y el gasto público en danza.
El Boletín Oficial de la Ciudad se volvió a llenar de tinta fresca, y una vez más, el Ministerio de Cultura es protagonista. Bajo las resoluciones N° 996, 997, 998, 999, 1021, 1022 y 1023/MCGC/26, se dio el visto bueno a una batería de contratos de locación de servicios artísticos. ¿Qué significa esto? Básicamente, el Estado porteño sigue apostando (y pagando) por la actividad cultural, asegurando la continuidad de espectáculos, eventos y presentaciones que son el corazón de la movida artística local.
“Estos movimientos son la sangre que irriga el circuito cultural, desde el teatro independiente hasta los grandes festivales”, deslizan fuentes cercanas al sector. Si bien los textos oficiales son escuetos y no revelan nombres ni montos específicos, la aprobación en bloque de estos contratos es una señal clara de que la gestión cultural sigue su curso administrativo habitual. Para el ciudadano de a pie, esto se traduce en la disponibilidad de propuestas culturales en diversos espacios de la Ciudad. Para los artistas y productores, representa la formalización de sus ingresos por su labor. Este tipo de resoluciones, aunque burocráticas, son la base sobre la que se construye gran parte de la oferta cultural financiada o co-financiada por el Estado. No implican un cambio radical, sino la ejecución de partidas presupuestarias ya previstas para sostener el vibrante ecosistema artístico porteño. Es el detrás de escena de cada show, cada exposición, cada concierto que se disfruta en la capital.