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El Ministerio de Economía eliminó de un plumazo normativas clave para la tipificación, empaque y fiscalización de frutas y hortalizas. ¿Es el fin de las trabas o una puerta a la desregulación total del sector?
Una verdadera revolución silenciosa se gesta en el sector agropecuario argentino. El Ministerio de Economía, a través de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca, acaba de derogar cuatro resoluciones históricas que regulaban desde la tipificación y empaque de hortalizas hasta la calidad de la papa para exportación e importación, e incluso las exigencias para la importación de frutas y hortalizas. La medida, enmarcada en el espíritu del polémico Decreto N° 70 del 20 de diciembre de 2023, busca un "reordenamiento integral" y la "eliminación de trabas e impedimentos" que, según el Gobierno, complicaban y ralentizaban la comercialización del sector.
La Resolución 105/2025 deja sin efecto las normativas que durante décadas definieron cómo debían ser las frutas y verduras que llegaban a nuestras mesas o se vendían al exterior. Esto significa que los productores, empacadores e importadores tendrán mayor libertad para definir los estándares de sus productos, aligerando la carga burocrática y los costos asociados a la fiscalización.
"Resulta indispensable alinear las políticas de regulación de las actividades y requisitos innecesarios en materia de envases de hortalizas que resultan una traba burocrática que complica y ralentiza su proceso de comercialización, afectando la competitividad del sector."
Para la sociedad, esto podría traducirse en menores precios en el mediano plazo debido a la reducción de costos operativos, pero también genera interrogantes sobre cómo se garantizará la calidad y seguridad alimentaria sin los marcos regulatorios previos. El Gobierno apuesta a que esta desregulación fomentará la competitividad y un comercio "más simple, menos burocrático y más transparente".
Esta movida es un claro reflejo de la política de desregulación impulsada por la actual administración. Busca impulsar el desarrollo del sector frutihortícola, que históricamente ha lidiado con una maraña de normativas. La ausencia de un marco regulatorio detallado podría generar un período de adaptación, donde los actores del mercado deberán establecer sus propias prácticas o esperar nuevas y más flexibles regulaciones. Es fundamental que los consumidores se mantengan atentos a cómo esta medida impacta la oferta y la calidad de los productos en las góndolas.