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El Gobierno lanza una polémica figura: "Embajadores Comerciales" sin sueldo ni vínculo laboral. ¿Un puente dorado para inversiones o un club de amigos con rango diplomático?
En un movimiento audaz, el Gobierno acaba de crear, a través del Decreto 43/2025, la figura protocolar de "Embajador Comercial para Inversiones y Desarrollo Estratégico". La idea es simple: atraer a personas de "reconocida trayectoria internacional y amplia experiencia en los negocios globales" para que, de forma "ad honorem" (es decir, sin cobrar un peso del Estado), promuevan inversiones y exportaciones argentinas en el mundo. Se les asignará la categoría diplomática de Embajador Extraordinario y Plenipotenciario, pero solo a efectos protocolares.
La medida, que no generará "erogación presupuestaria alguna", busca aprovechar el contexto internacional para expandir la presencia argentina en los mercados globales. Estos embajadores, que no serán considerados funcionarios ni empleados públicos, tendrán un rol consultivo y de facilitación, sin autoridad diplomática real ni facultades para gestionar recursos estatales. La intención es que actúen como lobbistas de lujo, abriendo puertas y generando informes clave para el Ministerio de Relaciones Exteriores.
Sin embargo, la iniciativa ya genera interrogantes. ¿Quiénes serán estos embajadores y cómo se garantizará su independencia? La naturaleza ad honorem y la falta de un vínculo laboral formal con el Estado, combinadas con el "rango protocolar" de embajador, podrían abrir una caja de Pandora de conflictos de interés. Aunque el decreto prohíbe usar el rango para beneficio particular, la línea entre la promoción del país y la de intereses propios puede ser muy delgada.
"Resulta beneficioso contar con el aporte de personas de reconocida trayectoria internacional y amplia experiencia en los negocios globales, quienes contribuirán con carácter 'ad honorem' en este momento crucial del país, aportando su experiencia y conocimiento para promover la atracción de inversiones estratégicas..."
Esta estrategia de diplomacia paralela o "shadow diplomacy" busca la agilidad y la eficiencia del sector privado para un fin público, pero la transparencia y la rendición de cuentas serán cruciales. ¿Lograrán estos "embajadores" traer la lluvia de inversiones esperada o solo servirán para engrosar el currículum de unos pocos privilegiados?