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El Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) simplifica los trámites para usar Indicaciones Geográficas (IG) y convalida los grados alcohólicos mínimos de la cosecha 2025 en varias regiones. Medidas que agilizan la gestión para bodegas y garantizan la calidad del sector vitivinícola argentino.
El INSTITUTO NACIONAL DE VITIVINICULTURA (INV) ha lanzado dos resoluciones clave que prometen sacudir la industria vitivinícola argentina, simplificando procesos y manteniendo la calidad que caracteriza a nuestros vinos. Se trata de las Resoluciones 25/2025 y 26/2025, ambas enfocadas en la desburocratización y el control técnico del sector.
La Resolución 25/2025 es un soplo de aire fresco para las bodegas. Busca simplificar la solicitud del derecho a uso de una Indicación Geográfica (IG). Hasta ahora, el proceso era más engorroso. Con esta medida, la presentación del Formulario de Movimientos a través del Sistema de Declaraciones Juradas del INV será suficiente para solicitar el derecho a usar una IG. Esto significa menos trámites y más agilidad para certificar el origen y la calidad de los vinos, un factor crucial para su comercialización nacional e internacional. La normativa también reitera la obligación de indicar el origen del producto según la Ley Nº 25.163, especialmente cuando la elaboración y el envasado se realizan en áreas geográficas distintas a las de producción de uvas.
Por otro lado, la Resolución 26/2025 se enfoca en el corazón técnico de la producción: la graduación alcohólica. El INV ha convalidado los límites mínimos de tenor alcohólico real para los Vinos y Vinos Regionales de la elaboración 2025, unificándolos con los remanentes de cosechas anteriores. Esta medida abarca importantes zonas productoras como Buenos Aires, Córdoba, La Rioja, Catamarca, Salta y Valles Calchaquíes. Es una norma técnica de fiscalización que asegura la calidad y tipicidad de los vinos argentinos, considerando las particularidades de los diversos microclimas del país. Para el consumidor, esto se traduce en una garantía de que el vino que compra cumple con los estándares de calidad establecidos.
Ambas resoluciones demuestran un INV activo, que busca modernizar sus procedimientos aprovechando los sistemas informáticos existentes, sin descuidar el control esencial para una industria tan prestigiosa como la vitivinícola argentina. Es una señal positiva para productores y consumidores, que verán un sector más ágil y confiable.