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El Gobierno flexibiliza las reglas para la flota pesquera, reduciendo las paradas biológicas de la merluza común. ¿Ganancia para el sector o riesgo ecológico en un recurso clave?
El Consejo Federal Pesquero (CFP) ha decidido dar un giro audaz a la normativa pesquera, haciendo permanente la reducción de los días de 'parada biológica' para la captura de merluza común (Merluccius hubbsi). Esta medida, que antes era transitoria, implica que los buques fresqueros ahora deberán cumplir 40 días anuales de parada efectiva en puerto, que pueden dividirse en hasta CUATRO (4) períodos de duración no inferior a OCHO (8) días cada uno. Por su parte, los buques congeladores deberán cumplir SESENTA (60) días anuales, divididos en hasta CUATRO (4) períodos de duración no inferior a DOCE (12) días cada uno. Esta resolución sustituye los artículos 13 y 14 de la Resolución N° 26/2009, que establecía reglas más estrictas.
Esta decisión es un balde de agua fría para quienes defienden una gestión más restrictiva de los recursos, pero una brisa fresca para la industria pesquera. Implica una mayor flexibilidad operativa y, potencialmente, un aumento en la capacidad de captura y procesamiento de la merluza común. Para las empresas, significa más días de trabajo en el mar y, si la biomasa lo permite, mayores volúmenes de pesca, lo que podría traducirse en más ganancias para el sector y mayor oferta en el mercado.
La justificación oficial, según el CFP, se basa en un informe del Instituto Nacional de Investigación y Desarrollo Pesquero (INIDEP) que señala una "recuperación paulatina y sostenida" de la biomasa reproductiva de la merluza común al sur del paralelo 41° de latitud Sur desde el año 2017. Esta 'salud' del recurso es el pilar para la flexibilización, que ya se venía aplicando de forma temporal desde 2019.
Sin embargo, la permanente flexibilización de reglas en un recurso natural siempre genera cejas levantadas en los sectores ambientalistas. ¿Se mantendrá la recuperación del stock con menos restricciones? El equilibrio entre explotación económica y sostenibilidad es un desafío constante.
Para el ciudadano común, esto podría significar una mayor disponibilidad de merluza en las pescaderías y supermercados, con posibles impactos en el precio. Es crucial que los controles se mantengan firmes para asegurar que la "recuperación" no sea solo un espejismo y que la merluza siga siendo un recurso vital para el país. Estar atentos a los futuros informes del INIDEP será clave para monitorear el verdadero impacto de esta 'liberación' pesquera.
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