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La Agencia de Recaudación y Control Aduanero ajusta nuevamente su organigrama interno, corrigiendo fallas en la Dirección General de Aduanas. Un movimiento burocrático que busca "optimizar" el funcionamiento, pero que expone la necesidad de revisiones constantes.
En un giro que evidencia la complejidad de la burocracia estatal, la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA) ha publicado la Disposición 140/2025, que trae una nueva reconfiguración interna para la Dirección General de Aduanas. Lo más llamativo es que esta modificación se produce apenas dos meses después de una adecuación previa, admitiendo el propio organismo que se "han advertido errores materiales" en la disposición anterior (DI-2025-62-E-AFIP-ARCA del 24 de abril de 2025).
Este tipo de movimientos, aunque parezcan meramente administrativos, tienen su peso. Para el ciudadano común, pueden traducirse en cambios en la agilidad de los trámites o en la eficiencia de los controles aduaneros. Para las empresas que operan en comercio exterior, implica estar atentas a cómo estas reestructuraciones pueden impactar en sus operaciones diarias, desde los tiempos de despacho hasta la interacción con las distintas áreas.
La necesidad de corregir "errores materiales" en tan corto tiempo sugiere una falta de prolijidad inicial en la planificación o una urgencia por ajustar procesos que no estaban funcionando como se esperaba. Esto podría generar interrogantes sobre la estabilidad y la visión a largo plazo en la gestión interna de un organismo tan crucial para la economía nacional como la Aduana. Es un recordatorio de que, incluso en las estructuras más rígidas, la constante adaptación es la norma, aunque a veces sea a fuerza de corregir lo que se hizo mal.