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El Boletín Oficial revela la inscripción de nuevas variedades de avena y soja, incluyendo cultivos transgénicos con resistencia a herbicidas clave. Un paso gigante para la productividad, pero ¿a qué costo para el ecosistema y la soberanía alimentaria?
El Instituto Nacional de Semillas (INASE) ha dado luz verde a la inscripción de tres nuevas creaciones fitogenéticas que prometen sacudir el tablero agrícola argentino. Por un lado, el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) presenta la Avena blanca MALVINA INTA, una variedad que, según la fundamentación de novedad, se distingue por la ausencia de pubescencia en el nudo superior, una posición de hoja erecta y la falta de aristas, características que la diferencian de sus predecesoras. Este avance representa un esfuerzo en la mejora de cultivos tradicionales, buscando optimizar su rendimiento y resistencia.
Pero la verdadera bomba viene del lado de la soja. Dos gigantes del sector, GDM Argentina S.A. y Pioneer Hi-Bred International, Inc. (representada por Corteva Seeds Argentina S.R.L.), inscribieron sus nuevas variedades transgénicas: DM46E25 SE y P42A84E, respectivamente. Ambas comparten una característica crucial: contienen el evento de transformación DAS-44406-6, que les confiere tolerancia a herbicidas como el glifosato, glufosinato de amonio y 2,4-D.
Este tipo de desarrollos, si bien celebrados por su potencial para aumentar la productividad y simplificar el manejo de malezas, no están exentos de polémica. La dependencia de semillas transgénicas y los agrotóxicos asociados genera debates sobre la sustentabilidad ambiental, la salud pública y la concentración del mercado semillero en pocas manos.
Para los productores, estas nuevas variedades significan potencialmente:
La fecha de verificación de estabilidad para la avena fue el 30/10/2016, mientras que para las sojas fue 20/10/2022 y 30/05/2021, respectivamente. Ahora, se abre un plazo de 30 días para que terceros interesados presenten impugnaciones, lo que podría generar un escenario de tensión entre los distintos actores del sector. ¿Estamos ante una nueva era de la agricultura argentina o profundizando un modelo con interrogantes?