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El Banco Central aprieta los controles sobre las operaciones de cambio con dos comunicaciones clave, restableciendo códigos y exigiendo más detalles sobre el origen del fondeo en moneda extranjera. ¡Ojo con dónde viene la divisa!
El Banco Central de la República Argentina (BCRA), con sus Comunicaciones 'A' 8421 y 8425, ha metido mano nuevamente en el sensible universo de las operaciones de cambio. La primera, la Comunicación 'A' 8421, es un déjà vu para muchos: se restablece el código P17 para el registro de la refinanciación de deuda financiera con contraparte vinculada. Esto, que ya estaba en el marco de la Comunicación 'A' 8417, vuelve a escena con vigencia desde el 10 de abril de 2026, y las presentaciones correspondientes arrancan el 16 del mismo mes. La movida busca, sin dudas, tener una lupa más grande sobre cómo las empresas reestructuran sus pasivos en dólares con sus propias filiales o socios estratégicos, una fuente constante de especulación y posibles desequilibrios.
Pero no es todo. La Comunicación 'A' 8425 va un paso más allá, exigiendo una identificación más precisa del origen del fondeo de las financiaciones en moneda extranjera que otorgan las entidades financieras locales. Es decir, el BCRA quiere saber de dónde sale cada dólar que se presta. Esta medida, que empieza a regir para operaciones desde el 1 de mayo de 2026, implica una reorganización de los puntos 3.2 y 3.3 de las normas de procedimiento y la incorporación de un nuevo anexo con pautas operativas.
Para las entidades financieras y operadores de cambio, esto se traduce en una mayor carga administrativa y una necesidad imperiosa de ajustar sus sistemas de información. La vigilancia sobre el origen de los fondos busca reducir la opacidad y, presumiblemente, desalentar maniobras especulativas o de elusión de controles. Para las empresas con deudas en dólares, sobre todo aquellas con vínculos externos, la refinanciación será objeto de un escrutinio más minucioso. En un contexto de escasez de divisas, cada detalle cuenta y el BCRA no quiere dejar cabos sueltos. La intención es clara: cerrar grifos y controlar cada movimiento de la divisa extranjera.