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El Instituto Provincial de Lotería y Casinos de Buenos Aires aprueba la implementación del pago con código QR en agencias y salas de juego. Una medida que promete modernizar el sector, combatir el lavado y... ¿frenar la ludopatía?
¡Atención apostadores y operadores! El Instituto Provincial de Lotería y Casinos (IPLyC) de la Provincia de Buenos Aires ha dado un golpe de timón con la Disposición Firma Conjunta N° 1-DPAYFIPLYC-2026, aprobando el Reglamento para el uso de medios de pago electrónicos mediante QR interoperable en agencias oficiales, hipódromos y salas de juego. En criollo: ¡se acabó el efectivo en las apuestas, al menos como única opción!
La medida busca múltiples objetivos, algunos ambiciosos y otros controversiales. Por un lado, se propende a la bancarización total de los juegos de azar, facilitando la trazabilidad digital del dinero y, en teoría, evitando el riesgo del manejo de efectivo. Esto se alinea con normativas nacionales como la Ley N° 27.253 y resoluciones de la ex-AFIP, que obligan a aceptar medios de pago electrónicos.
Pero el IPLyC va más allá. La disposición subraya que esta digitalización es clave para la prevención de la evasión fiscal y el lavado de activos, un flagelo que históricamente ha acechado al sector. Además, se menciona explícitamente la intención de combatir la ludopatía, generando "mayores limitaciones" y "un control más eficaz" sobre el juego compulsivo. Paradójicamente, la facilidad de pago con QR podría también aumentar la accesibilidad y el gasto para algunos.
"Dicha medida también tiene como objeto la prevención de la evasión fiscal y de conductas de lavado de activos, en las apuestas de juegos de azar, así como también el desvío de prestaciones económicas derivadas de planes o programas sociales."
Para los apostadores, será una comodidad adicional, evitando llevar dinero en efectivo. Para los operadores, implica una adaptación tecnológica y un mayor control estatal. Sin embargo, la gran pregunta es si la facilidad de un QR no podría, en algunos casos, incentivar el juego en lugar de limitarlo, a pesar de las buenas intenciones declaradas. La balanza entre modernización, control y responsabilidad social se pone a prueba con esta movida audaz.