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La Subsecretaría de Turismo bonaerense reclasifica dos hoteles icónicos de la costa atlántica, el "Stromboli" de San Bernardo y el "Cavour" de Mar del Plata, imponiendo desafíos en accesibilidad y transparencia. ¡Ojo, hoteleros: la lupa está sobre ustedes!
El Boletín Oficial bonaerense trae novedades que sacuden el sector turístico de la costa. La Subsecretaría de Turismo ha oficializado la clasificación de dos establecimientos hoteleros emblemáticos: el HOTEL STROMBOLI en San Bernardo, que ahora luce orgulloso sus "Dos Estrellas", y el Hotel Cavour en Mar del Plata, que obtiene la categoría de "Una Estrella". Estas clasificaciones, aunque basadas en declaraciones juradas, vienen con un claro mensaje de la autoridad: la lupa estará puesta en el cumplimiento, especialmente en un punto sensible como la accesibilidad.
Para los turistas, estas categorizaciones son una referencia oficial sobre los servicios y la calidad que pueden esperar. Sin embargo, la resolución es clara al advertir que la verificación de lo declarado recae en el organismo, dejando un margen a la incertidumbre inicial. Para los hoteleros, la medida es un llamado a la acción. Ambos establecimientos, como muchos otros, tienen un plazo para adecuar sus instalaciones y garantizar al menos una habitación adaptada para personas con discapacidad motriz. Un detalle no menor es que, si bien el Hotel Cavour afirma tener tres habitaciones accesibles, no presentó pruebas fotográficas, lo que subraya la necesidad de una verificación efectiva.
La vigencia de estas categorías es de seis años, pero con la obligación de solicitar su renovación y de informar cualquier cambio sustancial en los servicios o la estructura. Esto busca mantener el registro actualizado y asegurar que la calidad no decaiga con el tiempo.
Estas resoluciones se enmarcan en la Ley N° 14.209, que declara al turismo como un proceso socioeconómico esencial para la Provincia de Buenos Aires. El objetivo es fomentar, desarrollar y regular la actividad, y el Registro de Prestadores Turísticos, creado en 2014, es la herramienta para este fin. Como un guiño a la modernidad, se establece el reemplazo del tradicional libro de reclamos y sugerencias en formato papel por uno digital, prometiendo mayor agilidad y transparencia en la gestión de quejas.
Si bien la intención es ordenar y profesionalizar el sector, la dependencia de declaraciones juradas y la postergación de la verificación de requisitos clave, como la accesibilidad, podrían generar una brecha entre la categoría otorgada y la experiencia real del huésped. La exigencia de adecuar las instalaciones para personas con discapacidad es un paso en la dirección correcta, pero su cumplimiento efectivo será el verdadero termómetro. Para los ciudadanos comunes, es un recordatorio de que, si bien el Estado busca ordenar, la responsabilidad de verificar y exigir calidad sigue siendo también del consumidor. Para los hoteleros, la advertencia es clara: la falta de veracidad en lo declarado los hará pasibles de sanciones.