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La Secretaría de Agricultura autorizó la comercialización de Innovax ND-IBD-ILT, una vacuna con un virus genéticamente modificado para la industria avícola, prometiendo blindar a las aves contra enfermedades clave. La decisión, aunque avalada por informes técnicos, reabre el debate sobre los Organismos Genéticamente Modificados en el agroecosistema.
En un movimiento audaz que genera tanto esperanza como cautela, el Ministerio de Economía, a través de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca, dio el visto bueno a la comercialización del virus genéticamente modificado HVT-ND-IBD-ILT, presente en la vacuna Innovax ND-IBD-ILT, desarrollada por la firma INTERVET ARGENTINA S.A.
Esta vacuna, destinada a la inoculación de pollos, busca generar una robusta respuesta protectora contra enfermedades devastadoras como la de Newcastle, la laringotraqueitis infecciosa aviar, la enfermedad de Marek y la enfermedad infecciosa de la bolsa. Un avance que, de consolidarse, podría revolucionar la sanidad avícola y, por ende, impactar directamente en la producción y el costo de la carne de pollo en las góndolas argentinas.
La aprobación no fue un mero trámite. Contó con el aval de la COMISIÓN NACIONAL ASESORA DE BIOTECNOLOGÍA AGROPECUARIA (CONABIA) y del SERVICIO NACIONAL DE SANIDAD Y CALIDAD AGROALIMENTARIA (SENASA), quienes concluyeron que el virus recombinante "no implica un riesgo adicional para el agroecosistema respecto a la cepa no modificada". Sin embargo, la resolución subraya que INTERVET ARGENTINA S.A. deberá cumplir con las normativas específicas que establezca SENASA previamente a la comercialización efectiva, dejando un cabo suelto que podría generar demoras o ajustes futuros.
Curiosamente, la medida se dicta en un contexto de cambios normativos. Se menciona la reciente derogación de la Resolución N° 763/11 por la Resolución N° 255/26 del Ministerio de Economía, que entrará en vigencia el 28 de abril de 2026. A pesar de ello, la resolución actual se fundamenta en la competencia otorgada por la derogada 763/11, lo que podría generar futuras interpretaciones legales o requerir nuevas adecuaciones. Para el consumidor común, esto significa que, aunque la carne de pollo no sea directamente un OGM, la salud de los animales que la producen sí estará ligada a esta tecnología, con potenciales beneficios en la oferta y precios, pero también con la eterna discusión sobre los alimentos y sus derivados genéticamente modificados.
Es crucial estar atentos a las futuras regulaciones de SENASA y a cómo la empresa se adaptará a este nuevo marco para asegurar una implementación transparente y segura.