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El Gobierno Nacional, a través de una serie de decretos presidenciales, sepulta las aspiraciones de ascenso de múltiples empleados públicos, reafirmando una interpretación estricta de los requisitos de 'pertinencia' y 'complejidad' en el SINEP y otros escalafones. ¿Se agota la paciencia o se busca un Estado más 'eficiente'?
Una verdadera barrida en la burocracia estatal: el Presidente de la Nación, Javier Milei, junto a la Ministra de Capital Humano, Sandra Pettovello, firmó una docena de decretos que rechazan de plano recursos jerárquicos interpuestos por empleados públicos que buscaban ascender de nivel o ser reencasillados. Estas decisiones marcan un precedente claro sobre la rigidez en las promociones dentro del Sistema Nacional de Empleo Público (SINEP) y otros regímenes.
Formalmente, no hay un cambio de normativa, sino una aplicación estricta y restrictiva de los requisitos ya existentes para la promoción de nivel o reencasillamiento en la planta permanente del Estado. Los empleados, muchos con años de experiencia y títulos universitarios, como abogadas y contadoras, apelaban a resoluciones previas que les negaban el ascenso. Sin embargo, el Gobierno Nacional, basándose en dictámenes de Comités de Valoración y la Oficina Nacional de Empleo Público (ONEP), ratificó que las funciones desempeñadas por los recurrentes no cumplen con el 'grado de complejidad suficiente' o no son 'pertinentes' para el nivel escalafonario al que aspiraban. Incluso, en casos como el de Marcela Mariel Lamarque, se desestimaron argumentos de 'trato desigual' respecto a otros agentes que sí habrían logrado ascensos en condiciones similares, alegando que la evaluación es sobre el perfil individual.
"El análisis jurídico debe realizarse de conformidad con los informes de los especialistas en la materia", cita la Procuración del Tesoro de la Nación, blindando las decisiones técnicas.
Para los empleados públicos, esto significa un portazo a sus aspiraciones de carrera dentro de la administración. La vía administrativa queda agotada, y la única opción que les resta es iniciar una acción judicial en un plazo de 180 días hábiles. Esta situación genera incertidumbre y frustración en la planta permanente, que ve limitadas sus posibilidades de crecimiento y reconocimiento de su experiencia y formación.
Para el ciudadano común, la medida puede interpretarse como una señal de control y ajuste en el gasto público, buscando una estructura estatal más eficiente y menos propensa a promociones 'automáticas'. Sin embargo, también abre el debate sobre la valoración del capital humano dentro del Estado y la equidad en las oportunidades de desarrollo profesional. La interpretación de la ONEP, que en algunos casos mencionó que las tareas podrían ser desempeñadas en un nivel superior "a futuro" con un incremento de responsabilidad, autonomía y complejidad, choca con la realidad de los rechazos actuales que exigen reunir los requisitos en el preciso momento de la postulación.
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