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El Ministerio de Desarrollo Agrario bonaerense actualiza las reglas para las Pequeñas Unidades Productivas de Alimentos Artesanales (PUPAAs), extendiendo vigencias y exigiendo capacitaciones y un nuevo logo para garantizar inocuidad y formalización.
Una noticia que sacudirá el mundo de los pequeños emprendedores gastronómicos de la provincia de Buenos Aires. El Ministerio de Desarrollo Agrario, a través de la Resolución N° 63-MDAGP-2026, ha modificado de raíz el régimen de inscripción y renovación en el Registro Provincial de Pequeñas Unidades Productivas de Alimentos Artesanales (PUPAAs). ¡Atención, productores, porque las reglas de juego cambiaron!
La medida trae cambios significativos. La primera inscripción de una PUPAA pasará a tener una vigencia de dos (2) años, el doble de lo anterior, mientras que las renovaciones se otorgarán por tres (3) años. Esto representa un alivio administrativo y una mayor estabilidad para los emprendedores. Sin embargo, no todo es flexibilidad: se implementa un sistema de regularidad y certificación más exigente.
Para la primera renovación, se requerirá la acreditación de siete (7) capacitaciones obligatorias y contar con el rótulo definitivo aprobado. Las subsiguientes renovaciones exigirán la asistencia a seis (6) cursos oficiales adicionales y diferentes a los presentados previamente, además de la acreditación de la implementación de Buenas Prácticas de Manufactura en la unidad productiva. Estas capacitaciones podrán ser dictadas por el Ministerio o por entidades reconocidas.
Quizás el cambio más visible sea la aprobación e incorporación obligatoria del isologotipo “PUPAAs” en el rótulo de los alimentos producidos. Este sello buscará identificar a las unidades registradas, generando mayor confianza en los consumidores y formalizando la identidad de los productos artesanales bonaerenses.
El objetivo de esta reforma, impulsada por el Ministro Javier Leonel Rodríguez, es claro: continuar mejorando el nivel de formalización y registración de las PUPAAs, garantizando la inocuidad de los productos y facilitando su comercialización en el territorio. Aunque implica un esfuerzo de adaptación para los productores, se espera que estas medidas eleven los estándares de calidad y profesionalicen el sector, beneficiando tanto a los emprendedores como a los consumidores que buscan alimentos seguros y de origen conocido.