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El INASE da luz verde a innovadoras creaciones fitogenéticas de maní (MA-60), avena (AMAPOLA INTA) y arroz (VICENTE INTA FL, ALFREDO INTA FL), impulsando la productividad y la propiedad intelectual en el sector agrícola.
El Instituto Nacional de Semillas (INASE), el organismo clave para la innovación agraria en nuestro país, ha desatado una verdadera revolución verde al autorizar la inscripción de tres nuevas creaciones fitogenéticas. Estas novedades prometen potenciar la producción nacional y consolidar la propiedad intelectual en el campo, un sector estratégico para la economía argentina.
Maní MA-60: Mediante la Resolución 599/2025, se ordenó la inscripción de esta nueva variedad de maní (Arachis hypogaea L.), solicitada por la empresa MANIAGRO S.A., en el Registro Nacional de la Propiedad de Cultivares. Un paso fundamental para la industria manisera, que busca constantemente mejorar la calidad y el rendimiento.
Avena AMAPOLA INTA: La Resolución 8/2026 celebra la inscripción de esta avena blanca (Avena sativa L.), desarrollada por el prestigioso Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA). Esta nueva variedad se suma tanto al Registro Nacional de Cultivares como al Registro Nacional de la Propiedad de Cultivares, abriendo nuevas puertas para los productores de cereales.
Arroz VICENTE INTA FL y ALFREDO INTA FL: El INTA también es protagonista en el cultivo de arroz (Oryza sativa L.). La Resolución 10/2026 rectifica las inscripciones previas, cambiando las denominaciones originales (ALFREDO INTA y VICENTE INTA) a VICENTE INTA FL y ALFREDO INTA FL. Esta modificación, solicitada por el propio INTA y aprobada por la Comisión Nacional de Semillas (CONASE), garantiza la correcta identificación de estos cultivares que prometen mayor eficiencia y adaptabilidad en los campos arroceros.
La inscripción y protección de nuevas variedades de semillas es crucial. No solo incentiva la investigación y el desarrollo por parte de empresas y organismos como el INTA, sino que también garantiza a los obtentores el derecho exclusivo sobre sus creaciones, fomentando así la inversión en innovación agrícola. Para los productores, esto se traduce en acceso a semillas con mejores rendimientos, mayor resistencia a plagas y enfermedades, y adaptabilidad a diversas condiciones climáticas, lo que a la larga se traduce en mayor productividad y competitividad para el sector agrícola argentino.
Para el ciudadano común: Aunque parezcan trámites técnicos, estas resoluciones son el motor detrás de los alimentos que llegan a su mesa. Más y mejores variedades de cultivos significan una producción más eficiente, que puede redundar en una mayor oferta y, potencialmente, en mejores precios o mayor calidad de productos como el maní, la avena y el arroz.