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El SENASA lanza un *megareglamento* que redefine cómo se importan, producen y venden los productos veterinarios en Argentina. Desde vacunas hasta suplementos, ¡todo bajo la lupa con nuevas exigencias y un sistema simplificado que promete agilizar, pero también endurecer los controles!
¡Atención, productores agropecuarios y laboratorios! El Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA) acaba de tirar la casa por la ventana con la Resolución 11/2025, un verdadero Big Bang regulatorio que impacta de lleno en la importación, exportación, elaboración y comercialización de TODOS los productos veterinarios en el país. Olvídense de lo que sabían, porque este nuevo marco es exhaustivo y llegó para cambiar las reglas del juego.
La movida, que se inscribe en la Ley de Bases y Puntos de Partida para la Libertad de los Argentinos N° 27.742, busca "simplificar" y "mejorar la operatividad" del organismo, pero también establece controles más rigurosos. Se exige la inscripción obligatoria de empresas y establecimientos, así como de los propios productos, en el Registro Nacional de Productos Veterinarios. Se clasifica a los productos en Registro Automático, Simplificado y Completo, prometiendo agilidad para algunos trámites vía la plataforma SIGTRÁMITES, pero sin perder de vista la calidad y seguridad.
Los laboratorios deberán cumplir con Buenas Prácticas de Manufactura (BPM), y se establecen plazos de hasta dos años para adecuarse. Además, hay un fuerte énfasis en la trazabilidad de los productos, desde la materia prima hasta la venta, y un sistema de farmacovigilancia para detectar efectos adversos. La resolución no se anda con chiquitas: define con lujo de detalles qué se considera un producto alterado o falsificado, y las sanciones son pesadas, incluyendo el retiro del mercado y la destrucción del producto, con los costos a cargo de la empresa. ¡Hasta la publicidad de los productos está regulada!
Este cambio es crucial para la sanidad animal, la inocuidad de los agroalimentos y, en última instancia, la salud pública. Aunque se habla de simplificación, el nivel de detalle y las exigencias de control muestran un Estado que quiere tener todo bajo control. ¿Es el equilibrio justo entre agilidad y seguridad? El tiempo y el mercado dirán.