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Con la promesa de modernización y "desregulación", el Gobierno elimina medidas de seguridad post-tragedias de Sarmiento, apostando todo al sistema ATS. ¿Más velocidad o más riesgo en las vías?
En un movimiento audaz que promete generar polémica, la Secretaría de Transporte del Ministerio de Economía ha dado de baja la Resolución 1243/2013, una norma clave que establecía medidas de seguridad preventivas en las líneas de trenes del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) tras las trágicas colisiones de Once y Castelar. La Resolución 23/2026 abroga formalmente esa regulación, marcando un antes y un después en la seguridad ferroviaria.
Las medidas eliminadas incluían la reducción de velocidad a CINCO KILÓMETROS POR HORA (5 Km/h) al ingresar a estaciones terminales y la obligatoriedad del acompañamiento del Jefe de Tren al conductor en la cabina en el último tramo del recorrido. Estas disposiciones buscaban mitigar los riesgos de errores humanos en un contexto de alta vulnerabilidad del sistema.
La justificación oficial para esta desregulación es la implementación del sistema de detención automática de trenes (ATS - Automatic Train Stop) en las líneas del AMBA. Según la Secretaría, este sistema 'mitiga de manera efectiva los riesgos asociados al ingreso de las formaciones a estaciones terminales', al supervisar continuamente la velocidad y aplicar frenado de emergencia ante cualquier transgresión. Además, se argumenta que los controles de aptitud psicofísica del personal ya están cubiertos por nuevos instructivos.
Este cambio se inscribe en el marco del plan de desregulación y simplificación del Estado impulsado por el Decreto 70/2023 y la Emergencia Pública en materia ferroviaria declarada por el Decreto 525/2024. El Gobierno busca optimizar la operación y reducir la burocracia, pero la pregunta que resuena es: ¿la tecnología reemplaza por completo la supervisión humana en situaciones críticas?
Para los millones de usuarios de las líneas Mitre, Sarmiento, Urquiza, Roca, San Martín y Belgrano, esta medida podría significar una mayor fluidez en los ingresos a las estaciones terminales, pero también genera inquietud sobre el nivel de seguridad. La resolución delega en los operadores y administraciones de infraestructura ferroviaria la potestad de 'disponer las medidas transitorias pertinentes para mitigar cualquier riesgo', lo que podría generar heterogeneidad en la aplicación de estándares de seguridad.
Es fundamental que las autoridades garanticen una fiscalización rigurosa del funcionamiento del ATS y que los operadores estén a la altura de la nueva responsabilidad. La memoria de las tragedias pasadas exige que la "desregulación" no sea sinónimo de menor seguridad.
"La seguridad ferroviaria es un tema delicado. Si bien la tecnología avanza, la experiencia humana y la supervisión constante no deberían ser descartadas a la ligera, sobre todo en un país con antecedentes tan dolorosos", advirtió un especialista en transporte.