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Se autoriza un nuevo algodón transgénico de GENSUS S.A. tolerante a herbicidas y plagas, mientras se abre la consulta pública por dos variedades de soja OGM. ¿Estamos ante una nueva era agrícola o una puerta a la controversia?
El campo argentino se sacude con dos noticias bomba que marcan el pulso de la biotecnología. Por un lado, la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca acaba de dar el visto bueno a la comercialización de un algodonero genéticamente modificado (OGM) de la firma GENSUS S.A. Este super-algodón acumula tres eventos transgénicos (MON-ØØ531-6 x MON-Ø1445-2 x ACS-GHØØ1-3) que le confieren tolerancia a herbicidas como glifosato y glufosinato de amonio, además de resistencia a ciertas plagas de lepidópteros.
La decisión, basada en dictámenes técnicos de la COMISIÓN NACIONAL ASESORA DE BIOTECNOLOGÍA AGROPECUARIA (CONABIA) y el SERVICIO NACIONAL DE SANIDAD Y CALIDAD AGROALIMENTARIA (SENASA), asegura que este algodón es "tan seguro como la de cualquier algodonero comercial" y "apto para consumo humano y animal". Para los productores, esto significa una posible simplificación del manejo de cultivos y una reducción de pérdidas, prometiendo mayor eficiencia. Sin embargo, para algunos sectores, la expansión de los OGM y el uso de herbicidas asociados sigue siendo un tema sensible.
"La liberación al agroecosistema es tan segura como la de cualquier algodonero comercial," asegura la CONABIA.
Por otro lado, el Ministerio de Economía, a través de la Subsecretaría de Producción Agropecuaria y Forestal, ha lanzado una convocatoria pública para recibir comentarios técnicos no vinculantes sobre dos nuevas variedades de soja OGM: Soja DAS-444Ø6-6 x MST-FGØ72-2 y Soja MON-94313-8. Durante treinta (30) días corridos, expertos y ciudadanos podrán expresar sus opiniones, un paso crucial en el proceso de aprobación de estos cultivos. Este doble movimiento muestra una clara apuesta por la biotecnología para aumentar la productividad agrícola, pero también mantiene abierta la discusión sobre los impactos a largo plazo en el medio ambiente y la salud. La transparencia en el proceso de consulta es vital para generar confianza en una sociedad cada vez más atenta a lo que consume.