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La Subsecretaría de Producción Agropecuaria y Forestal da el visto bueno a dos levaduras modificadas de DANISCO ARGENTINA S.A. para la producción masiva de bioetanol, con un "bonus track" crucial para la ganadería nacional.
En un movimiento estratégico que consolida a Argentina como un jugador clave en la bioeconomía, la Subsecretaría de Producción Agropecuaria y Forestal ha autorizado la comercialización de dos levaduras Saccharomyces cerevisiae genéticamente modificadas: la GICC03671 (GPY010279) y la GICC03636 (GPY010240). Estas "superlevaduras" de la firma DANISCO ARGENTINA S.A. están destinadas a la producción industrial de etanol combustible a partir de carbohidratos y granos. ¡Un golazo para el sector energético!
Pero la noticia no termina ahí. La clave de esta aprobación, más allá del bioetanol, reside en el destino secundario de la burlanda (un subproducto del proceso industrial). Las evaluaciones de la COMISIÓN NACIONAL ASESORA DE BIOTECNOLOGÍA AGROPECUARIA (CONABIA) y del SERVICIO NACIONAL DE SANIDAD Y CALIDAD AGROALIMENTARIA (SENASA) han sido contundentes: la burlanda derivada de estas levaduras inactivadas es apta para el consumo animal. Esto significa un beneficio directo para la ganadería, que podrá contar con un alimento de valor, optimizando los recursos y cerrando un círculo virtuoso en la cadena productiva.
Las autoridades destacaron que las evaluaciones de riesgo para el agroecosistema y la inocuidad alimentaria concluyeron que estas levaduras no implican un riesgo adicional en comparación con sus variantes no modificadas, siempre y cuando se utilicen bajo el propósito previsto de producción industrial controlada de bioetanol. Esta decisión se ampara en la Resolución N° 763/11, que regula la liberación de Organismos Genéticamente Modificados (OGM) en el país, y en las directrices internacionales del Codex Alimentarius. La Subsecretaría de Mercados Agropecuarios aclaró que no tiene competencia para expedirse sobre Microorganismos Genéticamente Modificados, dejando la vía libre a las evaluaciones técnicas de CONABIA y SENASA.
Esta autorización es una señal clara del compromiso argentino con la biotecnología agropecuaria y la búsqueda de soluciones innovadoras para la producción de energía y alimentos. Un paso audaz que podría posicionar al país en la vanguardia de la bioeconomía global.