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Una resolución clave de ACUMAR crea un Comité de Control Interno que promete más transparencia y fiscalización sobre los millonarios fondos destinados a sanear la Cuenca Matanza Riachuelo. ¿Se acabó la fiesta?
La Autoridad de Cuenca Matanza Riachuelo (ACUMAR), ese gigante interjurisdiccional encargado de la titánica tarea de sanear el Riachuelo, acaba de dar un golpe de timón que podría cambiar las reglas del juego. A través de la Resolución 321/2024, se oficializa la creación del Comité de Control Interno, una medida que busca ponerle el ojo a cada peso y cada decisión que se toma en este organismo vital.
En pocas palabras, ACUMAR institucionaliza un órgano colegiado que, en teoría, debería garantizar una gestión más transparente y eficiente. Este comité, integrado por el Presidente de ACUMAR, el Auditor Interno Titular, un representante de la SINDICATURA GENERAL DE LA NACIÓN (SIGEN) y el titular de la Secretaría General de ACUMAR, tendrá la misión de supervisar y coordinar la actividad de la Unidad de Auditoría Interna (UAI). Además, se aprueba un reglamento específico para su funcionamiento, lo que le da un marco formal a esta movida.
"El buen funcionamiento de los Comités de Control Interno resulta esencial a los fines de construir instituciones sólidas, transparentes y eficaces."
Para el ciudadano de a pie, esto significa que el dinero que se invierte en el saneamiento de la cuenca, un tema que nos afecta a todos los que vivimos en la región metropolitana, debería estar mejor auditado y menos propenso a desvíos. Históricamente, ACUMAR ha manejado presupuestos millonarios y su gestión ha estado bajo constante escrutinio. Esta medida, impulsada por la propia SIGEN, busca subsanar falencias y fortalecer la gobernanza del organismo.
La decisión no es nueva, sino la formalización de un compromiso asumido en 2018 entre ACUMAR y SIGEN. Ahora, con este Comité en marcha, se espera que las acciones correctivas a las recomendaciones de los órganos de control se implementen de manera más efectiva y que se aborden proactivamente los riesgos. En un contexto donde la transparencia en la gestión pública es una demanda constante, esta resolución se presenta como un intento por mostrar los dientes y garantizar que los recursos destinados a uno de los problemas ambientales más grandes del país sean utilizados con la máxima probidad. ¿Será suficiente para limpiar no solo el Riachuelo, sino también las sospechas?